Diego Marcos: «Lo que estamos viendo hoy con las tensiones globales es nada comparado con lo que puede venir»

El economista y experto en China visitó San Nicolás Debate para analizar la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el impacto en la cadena global de suministros, la explosión de los autos eléctricos de BYD y los robots humanoides que ya trabajan en fábricas chinas. Una conversación que arrancó en la geopolítica y terminó en el futuro de Argentina.

En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el economista Diego Marcos —con amplia experiencia en comercio internacional y uno de los argentinos con mayor conocimiento directo del mercado chino— ofreció una mirada que combinó análisis macroeconómico, anécdota personal y proyección tecnológica. Desde la encrucijada geopolítica que vive el mundo hasta los humanoides que ya atienden en fábricas chinas, pasando por los precios relativos en Argentina y las claves culturales para hacer negocios con China, fue una conversación que no se quedó en la superficie de ningún tema.

Un mundo que involuciona: cada acto de violencia nos manda para atrás

Marcos abrió el análisis con una afirmación que marcó el tono de toda la conversación: «Toda vez que el ser humano vuelve al estado de naturaleza, involucionamos como especie. Cada acto de violencia nos manda para atrás y cada acto que prohíbe la libertad y el comercio nos empobrece a todos.» En ese marco, evaluó que hoy el mundo es globalmente más pobre que hace tres años, a causa de las tensiones comerciales, los conflictos bélicos y el avance del dirigismo estatal en múltiples latitudes.

La advertencia más inquietante llegó a continuación: lo que estamos viendo hoy es solo el comienzo. «Lo que estamos viendo es nada a comparación de lo que puede venir», afirmó, señalando que si los líderes globales eligen profundizar el proteccionismo y el estatismo en lugar de volver al libre comercio, las disrupciones en las cadenas de suministro pueden escalar a niveles mucho más severos. Citó a Xi Jinping para describir el momento: el mundo está en una encrucijada, un crossroad, entre volver a abrazar la libertad o profundizar el camino del dirigismo.

China y el libre comercio: una historia que ya vivimos antes

Ante la pregunta sobre la relación entre Argentina y China y los temores de sectores industriales y siderúrgicos frente a la competencia china, Marcos respondió con perspectiva histórica. Entre 1850 y 1950, Inglaterra fue la economía más productiva del planeta y nadie podía competir con ella. Luego lo fue Estados Unidos durante cincuenta años. Hoy le toca a China. «Decidimos abrazar el libre comercio con Inglaterra y con Estados Unidos. ¿Por qué ahora que es China dejamos de ser librecambistas?», preguntó, poniendo el dedo en una contradicción que pocos se animan a señalar con tanta claridad.

Su propuesta no es ignorar la potencia china ni rendirse ante ella, sino relacionarse inteligentemente, tal como Argentina supo hacerlo a fines del siglo XIX con Gran Bretaña: encontrando el lugar propio en la cadena de valor global, sin pretender competir de igual a igual en todos los sectores. El problema, señaló, es que hoy tanto en Argentina como en muchos países de occidente los poderes ejecutivos deciden qué sectores ganan y qué sectores pierden, y eso no es una forma inteligente de relacionarse con superpotencias en un mundo bipolar.

Precios relativos: la discusión que todavía no estamos teniendo

Uno de los aportes más originales de Marcos fue la introducción del concepto de precios relativos como marco para entender la coyuntura argentina. Señaló que la apreciación del peso frente al dólar no es una decisión del gobierno sino la contracara de la depreciación global del dólar, un fenómeno que se observa en toda América Latina. Y esa depreciación del dólar, sumada a la tensión geopolítica, está generando un nuevo nivel de precios de materias primas —energéticas, agroalimentarias y minerales— muy elevado. «Hay un reacomodamiento de precios que es diferente a como lo teníamos hace un año. Eso es una discusión que aún no estamos teniendo seriamente. Estamos hablando del tipo de cambio y de la inflación, pero hay que hablar de los precios relativos», planteó, dejando abierta una conversación que prometió retomar en una próxima visita al programa.

Hacer negocios con China: paciencia, escala y sin ilusiones

La pregunta sobre las diferencias culturales entre occidentales y chinos para hacer negocios provocó uno de los tramos más sabrosos de la entrevista. Marcos fue directo: el principal problema del occidental es la ansiedad. «No sé lo que quiero, pero lo quiero ya», citó a Luca Prodan para graficar la mentalidad con la que muchos empresarios argentinos llegan a China esperando un negocio rápido. El chino, en cambio, maneja otra dimensión temporal: sabe que los procesos históricos llevan el tiempo que llevan y no intenta forzarlos.

A esa barrera cultural se suman otras dos igual de concretas. La primera es la escala: China no es un mercado, es un continente de mercados. Una pyme de San Nicolás que quiere exportar no va a encontrar a «un chino con una valija llena de dólares esperándola». Va a encontrar, si le va bien, a un cliente de un barrio de una ciudad que tampoco tiene la escala suficiente para absorber toda su producción. La segunda barrera es la percepción desactualizada: muchos argentinos siguen pensando en China como el país que fabricaba gorras de mala calidad, cuando hoy es el centro de innovación tecnológica más dinámico del planeta, compitiendo de igual a igual con Estados Unidos, Israel y Alemania en sectores de punta.

BYD: un fondo de venture capital que fabrica autos

La irrupción de los autos eléctricos chinos en el mercado argentino le dio pie a Marcos para contar la historia de BYD con una elocuencia que pocos tienen. La clave del éxito de la empresa no fue copiar tecnología occidental sino algo más difícil: la humildad de reconocer que el reverse engineering no alcanzaba para competir en la industria automotriz y la decisión de hacer un joint venture con Mercedes-Benz hace veinte años. «Lo que ves pasar hoy cuando pasa un BYD por tu puerta es un Mercedes-Benz con otra cosa», afirmó.

En la sede central de BYD en Shenzhen —ciudad que los argentinos de cierta edad recuerdan como marca de electrónica barata— hay un pabellón de varios pisos lleno de cuadritos de 30 por 20 centímetros: cada uno representa una patente. Miles de patentes. «BYD no es una empresa de autos. Es un fondo de venture capital que fabrica autos. Es una empresa de innovación», resumió Marcos, que visitó la sede central en varias oportunidades. La alianza entre la calidad alemana y la innovación china generó algo que, según él, es imposible de resistir.

Robots humanoides: de las fábricas a los hoteles, y luego a las casas

El tramo final sobre tecnología china fue el más sorprendente. Marcos describió el ecosistema de inteligencia artificial que se está desarrollando en la ciudad de Hangzhou —donde opera DeepSeek, uno de los seis pequeños dragones de la IA china— y la industria de robots humanoides liderada por empresas como UBTEC, con sede en el sur de China. El proceso de despliegue que describió tiene una lógica clara: primero validar los humanoides en entornos industriales controlados, luego en el front desk de hoteles y servicios al público, y finalmente llevarlos a los hogares. «Cuando el día que estén en tu casa ya van a estar supervalidados en fábricas y en prestación de servicios», explicó, describiendo una revolución que no es ciencia ficción sino un proceso ya en curso.

Argentina: el rumbo es el correcto, pero estamos recién salidos de la costa

Al cierre, Marcos aterrizó en la realidad argentina con la misma franqueza con la que había analizado el resto del mundo. El gobierno de Milei, dijo, abraza discursivamente los valores que la mayoría de los argentinos quería escuchar: más libertad, menos Estado, menos impuestos, menos burocracia. Pero entre el discurso y la llegada quedan muchas brazadas. «Estamos más cerca de la costa de salida que de la costa de llegada. Hay que nadar. Y van a quedar los brazos hinchados de nadar», graficó con una imagen que resume la distancia entre el rumbo trazado y el destino alcanzado. En lo personal, dijo, le gustaría ver el proceso más acelerado. Pero confía en que el rumbo es el que los argentinos querían y que la mayor parte de la sociedad todavía sostiene esa convicción.

Más entrevistas

Add New Playlist