Luciano Morello: «Ahí se van a cocinar sueños y esperanzas. No es solo una cocina, es el corazón de lo que hacemos»

El integrante de Manos que dan visitó San Nicolás Debate para contar el estado de la obra de la nueva cocina institucional, la historia de Nelly —una mamá que llegó sin recursos y hoy tiene negocio propio y familia— y los desafíos de sostener una organización que protege el cerebro de los niños de 0 a 5 años en los primeros 1.000 días de vida.

En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Luciano Morello, integrante de Manos que dan, la organización nicoleña que desde hace más de diez años trabaja en la prevención de la desnutrición infantil y la estimulación temprana de niños de 0 a 5 años. Una conversación que combinó números concretos con historias humanas que justifican por sí solas la existencia de la institución.

Qué hace Manos que dan: los primeros 1.000 días como base de todo

Morello comenzó con una presentación que resume la filosofía de la organización: preservar el cerebro del niño en sus primeros años de vida, a través de la nutrición y la estimulación temprana. El foco está puesto en los primeros 1.000 días —desde la concepción hasta los dos años—, período que la ciencia identifica como determinante para el desarrollo cognitivo, emocional y físico de una persona. Pero la intervención no se limita al niño: la madre es considerada la principal aliada en ese proceso. «Trabajamos con el niño, pero también con la mamá, porque ella es la principal socia en esta tarea», explicó Morello.

La institución cuenta con una sede que incluye consultorios de pediatría, nutrición, estimulación temprana y asistencia social, un espacio educativo para los chicos, una sala de eventos y, como novedad, una modesta sala de streaming desde la que se dicta una escuela de comunicación digital para la población que atienden. Un ecosistema de servicios que durante años tuvo un talón de Aquiles: la cocina.

La nueva cocina: el 30% construido y dos meses para terminarla

El proyecto que ocupa el centro de la actividad de Manos que dan en este momento es la construcción de una nueva cocina, posible gracias a que la institución fue destinataria de la recaudación de la maratón de Ternium. Ese impulso económico permitió dar inicio a una obra que al momento de la entrevista llevaba un 30% de avance, con una proyección de finalización en dos meses.

Pero Morello fue cuidadoso en no reducir el proyecto a lo edilicio. «No es solo una cocina como edificio. Ahí se van a cocinar sueños, se van a cocinar esperanzas, y un montón de otras cuestiones que tienen que ver con afianzar el trabajo que estamos haciendo», dijo, con la convicción de quien sabe que un espacio físico digno cambia la calidad de lo que se hace adentro. La cocina también será el escenario de talleres de oficios: cuando llegue la etapa de terminación del local, la propia comunidad que atiende la institución aprenderá a emaplacar, enyesar y pintar. «El oficio es importante para nosotros», subrayó Morello.

El contexto actual: solidaridad con más precaución

Diez años de trabajo con comunidades vulnerables le dan a Morello una perspectiva que pocos tienen sobre cómo la coyuntura económica impacta en el tejido solidario. Su diagnóstico fue honesto y sin dramatismo: el contexto está complicado. La gente sigue colaborando, pero con más cautela. «Las voluntades y los corazones están, pero a la hora de colaborar se lo hace con más precaución», describió. No se trata de una crisis de generosidad sino de una crisis de bolsillos que inevitablemente se traslada a las donaciones y al apoyo a las organizaciones de la sociedad civil.

A pesar de eso, la institución sigue adelante. «Siempre hay otra gente que acompaña y hace que podamos seguir», cerró ese tramo con la ecuanimidad de quien aprendió que la sustentabilidad de una organización sin fines de lucro se construye en el largo plazo y con muchas manos.

La historia de Nelly: el resultado que persigue la institución

El momento más emotivo de la entrevista llegó cuando Schubert le pidió una anécdota que lo hubiera marcado. Morello eligió contar la historia de Nelly, una mujer que llegó a Manos que dan con dos pares de mellizos, con una discapacidad propia, sin herramientas para ejercer su maternidad y con los cuatro niños en situación de grave desnutrición. Un cuadro que, en muchos otros contextos, podría haber derivado en una historia sin salida.

Lo que ocurrió en cambio fue una transformación que Morello describió con la contención de quien ha aprendido a no sobre-emocionar lo que los hechos ya dicen solos. Hoy los cuatro chicos están recuperados y en condiciones de desarrollo normal. Y Nelly recuperó su vida: se casó, puso su propio negocio, y ejerce una presencia activa en la crianza de sus hijos como nunca antes había podido hacerlo. «Cuando vemos el caso de Nelly, vemos el resultado que persigue Manos que dan», dijo Morello, sin agregar más palabras de las necesarias.

Profesionalizar sin perder el alma

Cuando Schubert preguntó por los desafíos de conducir una institución de estas características, Morello formuló un principio que sintetiza mucho en pocas palabras: «Tenemos que ser cada vez más profesionales, pero sin perder el espíritu amateur.» Lo que hace buena a una organización social, explicó, no es solo la eficiencia sino la humanidad que la impulsa. Hacer las cosas porque es una vocación y no porque es un trabajo. Esa es la condición número uno.

La segunda es la administración rigurosa de los recursos. «Nosotros administramos la solidaridad de la gente. Tenemos que tener muchísimo cuidado y orden para que cada recurso que llega sea multiplicado», señaló. Una responsabilidad que pesa de manera particular en organizaciones que dependen de la confianza de donantes y colaboradores para existir.

El futuro: más capacidad, más jóvenes al frente

Al cierre, Schubert le preguntó dónde ve a Manos que dan dentro de cinco años. La respuesta de Morello fue reveladora de su manera de entender el liderazgo: espera que la institución haya ampliado su capacidad de atención y, sobre todo, que haya jóvenes más nuevos conduciendo el proyecto. «Espero dentro de cinco años no tener que estar yo, que haya chicos más jóvenes a la cabeza de todo esto», dijo, con la humildad de quien construyó algo duradero pensando en que lo supere. Y cerró con una frase que resume la filosofía que sostiene todo el trabajo de Manos que dan: «El otro es una extensión de uno mismo. Cuando beneficio al otro, también me beneficio a mí mismo.»

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