Matías Olivero Vila: «Tenemos los impuestos más altos del mundo y el 50% de la economía en la informalidad. Así no puede funcionar ningún país»

El abogado, contador y presidente de la ONG Lógica analizó en San Nicolás Debate el estado de la presión tributaria argentina, los avances de la ley de transparencia fiscal del consumidor en cuatro provincias y por qué la reforma tributaria de fondo difícilmente llegue antes de las próximas elecciones.

En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Matías Olivero Vila —abogado, contador y presidente de Lógica, la ONG que impulsa la transparencia fiscal del consumidor—. Con la precisión de quien maneja datos comparativos internacionales y trabaja todos los días en la intersección entre política tributaria y ciudadanía, Olivero Vila ofreció un diagnóstico sin eufemismos sobre el sistema impositivo argentino, los avances en transparencia fiscal y la complejidad de operar en el sector formal de una economía donde la mitad está en negro.

El viento en favor a nivel nacional, en contra a nivel provincial y municipal

La imagen que eligió Olivero Vila para describir el panorama fiscal argentino fue la del viento. A nivel nacional, la dirección es la correcta: hubo bajas en retenciones, en el impuesto al patrimonio y se intentó bajar ganancias, aunque ese intento fue rechazado por el Congreso. Pero a nivel provincial y municipal, el viento sopla en sentido contrario. «La dirección del viento está bien a nivel nacional, pero a nivel provincial y municipal el mismo viento es en contra», sintetizó.

El dato que respalda esa afirmación llegó de un informe reciente de la Unión Industrial Argentina, segunda edición de un estudio que compara los ocho principales impuestos argentinos con los de 29 países del G20, Sudamérica y tres naciones más. La conclusión es contundente: Argentina ocupa el segundo lugar mundial en impuesto a las ganancias, el cuarto en IVA y tiene los impuestos más altos del mundo en cada uno de los otros seis rubros analizados. «Tenemos impuestos que no existen en ningún otro país del mundo, como ingresos brutos y tasas municipales calculadas sobre facturación», señaló Olivero Vila.

Ganancias al 35%: el doble del promedio mundial

El contraste más llamativo que presentó fue el del impuesto a las ganancias. El promedio mundial se ubica en torno al 26%. Argentina tiene 35%, más un 7% sobre dividendos, lo que lleva la carga efectiva cerca del 40%. «Tenemos un 50% más que el promedio mundial. Paraguay tiene el 10%, nosotros tenemos cuatro veces lo de Paraguay», dijo, con la elocuencia de los números que no necesitan adorno.

Sobre la posibilidad de una reforma tributaria antes de las próximas elecciones, el pronóstico fue poco optimista. Ya hubo un intento de bajar ganancias tres puntos —del 35 al 31,5%— en el marco de la ley de modernización laboral, pero fue rechazado en el Congreso. Y con el ciclo electoral acercándose, las reformas profundas rara vez encuentran el momento político adecuado. «Todo parece indicar que esto se va a diferir para después de las próximas elecciones», señaló.

El consenso fiscal: la única manera de meter mano en lo provincial y municipal

Ante la pregunta sobre qué herramienta podría frenar el dislate impositivo subnacional, Olivero Vila mencionó el consenso fiscal como el camino más prometedor. La idea es establecer acuerdos entre nación, provincias y municipios que pongan límites a impuestos como ingresos brutos y las tasas municipales sobre facturación. «No existe en el mundo un impuesto como ingresos brutos que se aplica sin importar las ganancias y sin cortar el valor agregado. No existe en el mundo una tasa municipal calculada sobre la facturación», repitió con énfasis, dejando en claro que Argentina no solo tiene alta presión fiscal sino conceptos impositivos que no tienen equivalente en ninguna otra economía del planeta.

Lógica y la transparencia fiscal: cuatro provincias ya muestran los impuestos en el ticket

El otro gran eje de la entrevista fue el trabajo de la ONG Lógica en torno a la transparencia fiscal del consumidor, que impulsa la obligación de mostrar los impuestos desglosados en los tickets de compra, tal como se indica la información nutricional en los alimentos.

Desde enero del año anterior, la norma está implementada a nivel nacional para IVA, impuestos internos y los dos impuestos a los combustibles. Y cuatro provincias ya adhirieron, reglamentaron y comenzarán a mostrar ingresos brutos en los tickets a partir de septiembre u octubre: Entre Ríos, Mendoza, Chubut y Ciudad de Buenos Aires. Entre Ríos va más allá e incluye también las tasas municipales, primero de manera voluntaria y luego obligatoria. Santa Fe tiene adhesión pero sin reglamentación todavía. Salta tiene media sanción en Diputados y le falta el Senado. Las otras dieciocho provincias, según Olivero Vila, «se están haciendo las distraídas».

Su argumento jurídico para exigir la adhesión no apela a la buena voluntad sino a la Constitución. El artículo 42 garantiza al consumidor información adecuada y veraz. «Si me dan la información del sodio, del azúcar y de las grasas saturadas, ¿cómo no me van a dar la información de los impuestos?», preguntó con lógica aplastante. Las cuatro provincias que ya adhirieron lo hicieron reconociendo que estaban obligadas, no porque lo consideraran conveniente. «¿Qué están esperando las otras para decirnos la verdad fiscal?», disparó.

Una economía rota: islas de normalidad en un mar de informalidad

Al analizar el estado general de la economía, Olivero Vila ofreció una lectura que va más allá de la dicotomía entre sectores ganadores y perdedores. Los proyectos bajo el régimen RIGI funcionan, explicó, no porque tengan grandes beneficios sino porque el tratamiento impositivo que reciben es el que el resto del mundo considera normal. «Si comparás el RIGI con el régimen general de los demás países, es razonable. No tiene grandes beneficios. Lo que pasa es que al compararlo con los distritos con los impuestos más altos del mundo, todo parece un beneficio», aclaró.

Fuera de esas islas —RIGI, sector financiero, agropecuario— operar en el sector formal argentino es prácticamente inviable por dos razones simultáneas. La primera: competir con empresas del exterior que no cargan los impuestos argentinos. La segunda: competir con el 50% de la economía local que opera en la informalidad. Y en sectores como alimentos, gastronomía o comercio minorista, ese porcentaje de informalidad es significativamente mayor que el promedio. «Un país con los impuestos más altos del mundo para el sector formal y con el 50% de informalidad no puede funcionar», sentenció.

La solución, planteó, tiene que atacar ambos frentes simultáneamente: bajar impuestos para reducir el incentivo a la informalidad y usar herramientas específicas para forzar la formalización. Sobre estas últimas, anticipó que Lógica está trabajando en una nueva propuesta —en la línea de lo que hicieron con la ley de transparencia fiscal del consumidor— para atacar la informalidad con instrumentos concretos. «En cualquier momento vamos a aparecer con una nueva propuesta», adelantó, dejando abierta la promesa de una próxima visita al programa para desarrollar ese tema.

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