José Eduardo Abadi: «Los argentinos tienen esperanza, pero también mucho miedo a volver a ilusionarse y sufrir otra decepción»

El reconocido médico psiquiatra y psicoanalista analizó en San Nicolás Debate el estado emocional de la sociedad argentina, la diferencia entre conexión y relación en la era de las redes sociales, el liderazgo de Scaloni como modelo para las organizaciones y lo que necesita el país para recuperar la convivencia: comunidad, normas y confianza.

En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue el doctor José Eduardo Abadi —médico psiquiatra, psicoanalista y escritor de reconocida trayectoria en Argentina—. En una conversación que invitó a detenerse en medio de la velocidad del mundo actual, Abadi ofreció una lectura clínica y humana del estado emocional colectivo de los argentinos, la trampa de la ilusión como sustituto de la esperanza, la paradoja de la hiperconexión sin relación y el tipo de liderazgo que los tiempos requieren.

Un cóctel de emociones contradictorias

La primera pregunta fue directa: ¿qué emociones predominan hoy en la sociedad argentina? Abadi rechazó la simplificación de una respuesta única y ofreció en cambio la imagen de un cóctel. Por un lado, hay esperanza. Pero no cualquier esperanza: Abadi fue preciso en distinguirla de la ilusión, que históricamente ocupó ese lugar en el imaginario argentino. La ilusión, explicó, es pensamiento mágico: pasivo, acrítico y por eso tan frecuentemente seguido de decepción. La esperanza madura, en cambio, es una expectativa racional que implica compromiso ciudadano activo. «Parece que, si maduramos, la esperanza tiene que tomar el lugar que tuvo la ilusión», señaló.

Pero esa esperanza convive con desconfianza y miedo. Miedo a la repetición de fracasos, miedo a que sea nuevamente la ilusión —y no la esperanza genuina— la que tome el mando y conduzca a otra decepción. «Es una incertidumbre que lleva al miedo a una nueva frustración, pero también hay una necesidad de cambio que mantiene vivo algo parecido a un impulso creador», describió.

La sociedad microondas: entre la urgencia real y el pensamiento mágico

Schubert planteó el fenómeno de la «sociedad microondas» —la impaciencia colectiva que quiere resultados inmediatos— y Abadi lo analizó desde dos dimensiones distintas que no se deben confundir. La primera es concreta y legítima: hay capas de la sociedad que viven en condiciones tan apremiantes que la urgencia no es capricho sino necesidad real. «Cuando usted les dice «tengamos paciencia», ellos le responden: «Vos tendrás tiempo, nosotros no»», explicó con la empatía de quien no juzga sino que comprende.

Pero hay una segunda dimensión más cultural: la creencia en la varita mágica, en el cambio vertiginoso e instantáneo. Y esa creencia, señaló Abadi, choca con una realidad que la historia confirma: los cambios genuinos requieren tiempo, error, corrección, tenacidad y solidaridad. «No es sacrificio sino esfuerzo. Y el esfuerzo necesita de la confianza para que nos reunamos en comunidad», dijo. La sociedad argentina tiene pendiente ese trabajo de construcción integrada, respetuosa de los disensos pero capaz de sostener un objetivo común.

Hiperconectados pero solos: la diferencia entre conexión y relación

Al hablar de las redes sociales y la paradoja de un mundo hiperconectado donde la soledad crece, Abadi hizo una distinción conceptual que iluminó toda la conversación. La conexión es superficial, efímera y transitoria: no deja vínculo, no deja enlace, no construye acompañamiento estable. La relación, en cambio, implica conocerse, transitarse recíprocamente, dedicarse tiempo, acompañar y dejarse acompañar. «Una cosa es la conexión como algo superficial e inmediato. Otra es la relación, que es un trabajo de maduración», dijo.

La consecuencia de vivir en un mundo de conexiones sin relaciones es previsible: soledad, ansiedad, depresión, desconfianza. Y la capacidad de hacer frente a la adversidad se debilita precisamente porque no hay tejido relacional sólido que la sostenga. «Lo que permite hacer frente a la adversidad de un modo más fuerte y sólido es la relación genuina, no la conexión superficial», cerró el punto.

El fútbol, la identidad y las emociones primarias

El mundial que acaba de disputarse fue el disparador para hablar del fútbol como fenómeno psicosocial. Abadi lo describió como un espacio donde se condensan muchas emociones primarias al mismo tiempo: la necesidad de triunfo, la compensación de fracasos personales, la autoestima colectiva que sube cuando gana «el equipo de uno» y cae cuando pierde. «Si gana la selección, uno se siente importante. Si no gana, se siente desvalorizado», ilustró. Por eso el fútbol despierta euforia cuando otros deportes no lo logran: porque la identificación emocional es mucho más profunda y las expectativas mucho más cargadas de sentido personal.

En ese marco, evaluó positivamente cómo la sociedad argentina procesó el resultado del Mundial —subcampeón, no campeón—. «Volver del Mundial con el segundo lugar entre 48 países es altamente meritorio. El subcampeón no es un perdedor. Es el segundo mejor del mundo», señaló, cuestionando la narrativa que equipara no ganar con fracasar. Destacó la humildad del seleccionado, la empatía entre equipo y sociedad y la ausencia de idolatría desmedida como señales de una madurez colectiva que merece reconocimiento.

El liderazgo de Scaloni: un modelo para las organizaciones

Cuando Schubert preguntó qué mirada merecía el estilo de conducción de Lionel Scaloni, Abadi lo encuadró dentro de lo que se conoce como el nuevo liderazgo: un modelo que se aleja del autoritarismo y de la figura del caudillo que detenta la verdad única, para acercarse a quien conduce escuchando, debatiendo, admitiendo errores y corrigiéndolos. «Para conducir, pide la opinión de otros, debate, puede admitir un error y cambiarlo. Se reserva la decisión final —porque sin decisión hay anarquía— pero jerarquiza al equipo que conduce en lugar de pretender someterlo», describió.

Este modelo no es solo deportivo. Abadi señaló que está emergiendo también en el mundo empresarial y político, donde los viejos liderazgos autoritarios quedan cada vez más retrasados en términos de productividad, resultados y aceptación social. «Los viejos liderazgos hoy quedan progresivamente retrasados no solo en triunfos deportivos, sino en productividad empresarial y en aceptación política», afirmó, convirtiendo la figura de Scaloni en un espejo donde muchas organizaciones deberían mirarse.

Resiliencia: del error a la sabiduría

Consultado sobre la resiliencia —término de moda pero que pocos definen con precisión—, Abadi ofreció una definición que va al núcleo del concepto. La resiliencia no es invulnerabilidad ni negación de la adversidad: es la capacidad de admitir el error, aprender de él y recuperar la autoestima sin que la frustración se convierta en fracaso definitivo. «El error puede ser un estímulo para aprender qué sucedió y adquirir una mayor sabiduría que permita recuperar la autoestima y configurar nuevamente una expectativa de trabajo y de futuro», explicó. La resiliencia, en su visión, es lo que transforma la frustración en curiosidad y la derrota en aprendizaje. Y no es un rasgo innato: se construye, se desarrolla, se cultiva.

Lo que necesita Argentina: comunidad, normas y confianza

El cierre fue la pregunta más amplia: ¿qué necesita la Argentina para recuperar la convivencia y el diálogo? La respuesta de Abadi fue una sola palabra, repetida con énfasis: comunidad. Pero no como concepto vago, sino con un contenido muy preciso. Comunidad significa normas que incluyen a todos —dirigentes y dirigidos por igual, sin excepciones—, ley que genera confianza, y confianza que hace posible que el otro deje de ser un sospechoso para convertirse en un aliado.

Cerró con una reflexión etimológica que resumió su visión: la palabra proyecto viene del latín pro —hacia— y iacio —lanzar—. Proyecto es lanzarse hacia adelante. Pero para lanzarse hace falta estar juntos y confiar en quienes nos acompañan en ese lanzamiento. «Para confiar tengo que saber que todos vamos a respetar las normas. Y para respetar las normas tiene que haber una ley que nos incluya a todos. Eso nos permite dibujar un futuro», concluyó Abadi, dejando en pocas palabras el manual de reconstrucción que la Argentina tiene pendiente.

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