El presidente de la CAME y cónsul honorario de Brasil en Rosario analizó en San Nicolás Debate la situación de las pymes ante el modelo económico del gobierno de Milei, la falta de consumo como origen de todos los males del sector, la reforma fiscal pendiente y por qué las tensiones diplomáticas con Brasil no amenazan por ahora el comercio bilateral.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Ricardo Diab —presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), titular de la Asociación Empresaria de Rosario y cónsul honorario de Brasil en Rosario—. Elegido por aclamación en marzo de 2025, Diab es el primer dirigente rosarino en ocupar la conducción de la entidad que representa a más de 1.400 federaciones, cámaras y uniones de todo el país, nucleando a más de 400.000 pymes que generan empleo para cuatro millones de personas. Su visita al programa llegó cargada de diagnósticos directos y reclamos concretos.
Dos Argentina, no dos velocidades
Cuando Schubert planteó el concepto de «economía dual» —con sectores ganadores como energía, agro y servicios financieros, y sectores rezagados como industria, comercio y construcción— Diab fue más lejos en la descripción. «Más que una Argentina a dos velocidades, lo que hay son dos Argentina: una para pocos que le va muy bien y otra para muchos que nos está yendo mal. Esa es la problemática», afirmó sin rodeos.
Su diagnóstico es que Argentina carece hoy de un consenso productivo e industrial que permita pensar en un crecimiento generalizado. Y que el interlocutor para construirlo desde el gobierno es difícil de encontrar, porque el propio modelo del presidente Milei concibe cualquier incentivo sectorial como una forma de intervencionismo que contradice sus principios. «Si bien podemos destacar logros macroeconómicos como el equilibrio fiscal y la baja de la inflación, esos logros se lograron con mucho sacrificio del sector que nosotros representamos», señaló, refiriéndose a la pequeña, mediana y microempresa de producción, servicios y comercio.
La falta de consumo: ahí nace todo
Al enumerar los principales obstáculos que enfrentan las pymes, Diab fue categórico en el punto de partida: la falta de consumo. «Si el consumo fluye, las críticas sobre impuestos, alquileres y energía son menores. Cuando la rentabilidad es baja o nula, todo duele y todo se sufre», explicó. Y la situación actual combina lo peor de los dos mundos: costos operativos que siguen actualizándose —tarifas, energía, insumos— en un contexto de consumo deprimido donde las ventas no acompañan.
La paradoja de las paritarias ilustra ese círculo vicioso con claridad: «Cuando acordamos un salario, a los empresarios que representamos les cuesta muchísimo afrontarlo, pero al trabajador tampoco le sirve de mucho, porque un aumento del 1,9% —equivalente a la inflación oficial— no compensa lo que suben los servicios y los gastos reales del día a día. Lo que hoy no puede consumir tampoco lo podrá hacer el mes que viene», graficó.
Los otros factores que suman presión
Más allá de la caída del consumo, Diab enumeró una serie de factores que agravan la situación del sector. El acceso al crédito es uno de los más críticos: según sus datos, solo una de cada tres pymes puede acceder a financiamiento en condiciones razonablemente aceptables. Los valores del RIMI —el régimen de incentivos para pymes— tampoco son accesibles para la mayoría. La competencia desleal, el contrabando y las fronteras abiertas suman presión adicional sobre sectores que no pueden competir en igualdad de condiciones.
Y la reforma fiscal sigue sin aparecer. «Creíamos que iba a ser lo primero, antes incluso de la reforma laboral. Todavía la estamos esperando», señaló, refiriéndose a la necesidad de una nueva matriz impositiva que baje la presión tributaria sobre la economía formal. En ese sentido, Diab mencionó el consenso fiscal como una demanda central del sector: un acuerdo entre nación, provincias y municipios que ponga límites a impuestos distorsivos como ingresos brutos y tasas municipales sobre facturación.
Reconoció, no obstante, la complejidad de estimular el consumo en este momento. «No queremos incentivar demasiado el consumo porque, dado que los precios están muy planchados en algunos rubros, un repunte abrupto podría alimentar la inflación. Y eso va contra los objetivos del gobierno», admitió, mostrando que comprende la tensión en la que se mueve la política económica.
Brasil: las tensiones diplomáticas no llegan al comercio
La entrevista incluyó un bloque sobre la relación bilateral con Brasil, especialmente relevante dado el cargo de cónsul honorario que Diab ejerce en Rosario. Fue cuidadoso en no meterse en el terreno diplomático —«no estoy autorizado a hablar de eso por razones obvias»— pero sí ofreció una lectura clara sobre el impacto comercial.
Su evaluación fue que, al menos en el corto plazo, las tensiones políticas entre Milei y Lula no deberían afectar el intercambio comercial. El Mercosur, explicó, se construyó en gran medida gracias al esfuerzo de los propios empresarios, no de las cancillerías. «Los empresarios forjaron el Mercosur porque las resoluciones diplomáticas siempre tuvieron muchos déficits», señaló, describiendo las trabas prácticas que persisten décadas después de la creación del bloque —como la imposibilidad de cruzar la frontera con una simple factura de fabricación—.
Sobre el sector automotriz, reconoció que el intercambio de autopartes entre Argentina y Brasil es importante y que el avance de los autos chinos en el mercado regional es una variable que presiona sobre ese vínculo más que las tensiones diplomáticas. «Por ahora no veo que la tensión diplomática influya en las cuestiones comerciales. Hacia futuro podría ser si surgen nuevos temas y el mal diálogo dificulta resolverlos, pero hoy no lo veo», cerró.


