El ingeniero mecánico y especialista en energía analizó en San Nicolás Debate el potencial transformador de Vaca Muerta, el oleoducto que estará listo a fin de año, los gasoductos de 36 y 48 pulgadas que Argentina nunca tuvo y por qué las ciudades petroleras tradicionales como Comodoro Rivadavia enfrentan un futuro incierto.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue el ingeniero Mauricio Vecchi —mecánico de formación, especialista en energía y referente local en debates energéticos regionales—. Con la mirada de quien sigue el sector desde sus fundamentos técnicos y económicos, Vecchi ofreció una visión de largo plazo sobre Vaca Muerta que trasciende la coyuntura y apunta al lugar que Argentina puede ocupar en el mapa energético global de las próximas décadas.
Vaca Muerta no fue un descubrimiento: fue tomar conciencia de una tecnología
Para situar históricamente el fenómeno, Vecchi aclaró un punto que suele confundirse: Vaca Muerta no fue un descubrimiento en 2008, sino el momento en que se tomó conciencia de que existía la tecnología necesaria para explotarla. Hasta entonces, los yacimientos petroleros convencionales del país estaban en regresión y nadie tomaba decisiones de fondo al respecto.
El impulso real, en su lectura, llegó con Macri: la decisión de favorecer la explotación de formaciones no convencionales y la sanción de la ley 27.191 de energía renovable fueron, según Vecchi, «dos iconos que hicieron arrancar la cosa». El período del gobierno de Fernández fue más errático —con la ansiedad importadora y el impacto del consumo interno—, aunque se avanzó en el gasoducto Néstor Kirchner para reducir la dependencia del gas importado. Y con el gobierno actual, el RIGI —Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones— cambió la ecuación de fondo al darle seguridad jurídica a los inversores. «El RIGI es la clave. Le da a los inversores el respaldo jurídico que necesitaban. Eso cambió todo», afirmó.
El sistema al revés: de los pozos agotados al nuevo centro del mundo energético
Vecchi explicó un aspecto técnico que pocas veces aparece en el debate público: la Argentina tenía históricamente un sistema de transporte de gas y petróleo que convergía desde el sur —Comodoro Rivadavia— y desde el norte —Campo Durán, en Salta— hacia el conurbano y la Capital Federal. Esos pozos convencionales se están agotando. Y mientras la producción de Vaca Muerta crece aceleradamente, la caída de los yacimientos tradicionales amortigua el impacto visible en los números totales.
Esto tiene una consecuencia que Vecchi planteó con franqueza: las ciudades que históricamente vivieron de esos pozos convencionales enfrentan un futuro incierto. «¿Qué va a pasar con Comodoro Rivadavia? ¿Qué va a pasar con Salta? Si no tienen otros recursos industriales, difícilmente puedan sobrevivir como lo están haciendo ahora», advirtió, señalando una dimensión del fenómeno Vaca Muerta que rara vez aparece en el análisis: el costo humano y territorial de la transición productiva.
914.000 barriles diarios y camino al millón
Sobre los números actuales, Vecchi fue preciso. La producción de petróleo de Vaca Muerta llegó recientemente a 914.000 barriles por día. «Estamos a 80.000 barriles de llegar al millón, y eso va a suceder antes de fin de año», afirmó, sin mencionar aún el gas, que es el gran objetivo estratégico.
El paso siguiente es la infraestructura de exportación. El oleoducto que atravesó la conocida historia con Techint y sus dificultades contractuales estará terminado a fin de año, permitiendo exportar crudo directamente por el Golfo de San Matías, en Río Negro. Eso elevaría los ingresos por exportaciones de energía desde los actuales 4.000 millones de dólares anuales hacia cifras muy superiores en los próximos años.
Pero el horizonte más ambicioso está en el gas. Dos gasoductos de dimensiones sin precedente en la historia argentina están en proyecto: uno de 36 pulgadas y otro de 48. «Argentina nunca tuvo un gasoducto tan grande. Prácticamente podría transportar todo lo que Vaca Muerta produce hoy para abastecer al país, con lo que evidentemente están pensando en duplicar la producción», señaló Vecchi. El gas licuado saldría por Sierra Grande, en Río Negro. La proyección: para 2030 o 2031, Argentina podría estar exportando energía por un valor de 30.000 millones de dólares anuales. «Eso superaría las exportaciones del agro», dijo, dejando la dimensión del número en el aire.
La guerra en Ucrania y el estrecho de Hormuz: dos palancas inesperadas
Vecchi identificó dos eventos geopolíticos que aceleraron la llegada de inversiones a Vaca Muerta: la guerra en Ucrania y las tensiones en el estrecho de Hormuz. La invasión rusa dejó a Europa sin su principal proveedor de gas, lo que empujó a países como Alemania a buscar alternativas urgentes. «Alemania vino a tocar la puerta acá y arregló algunos contratos para asegurar provisión futura», recordó.
A eso se suma una ventaja geográfica que Argentina tiene de manera exclusiva: estar en el hemisferio sur. Cuando Argentina no necesita gas para uso interno —en verano— es exactamente cuando el hemisferio norte está en pleno invierno y más lo necesita. «Cuando podemos exportar, ellos están desesperados por tenerlo. Se dan todas las condiciones para que nuestro gas sea el más deseado», señaló Vecchi, describiendo una oportunidad estructural que el país nunca había tenido en términos de sincronía estacional con la demanda global.

La lección que Argentina no aprendió en los años 2000
El ingeniero fue crítico con lo que ocurrió en el superciclo de commodities de 2004-2008, cuando el petróleo también alcanzó precios históricamente altos. «Argentina hizo todo lo posible para que YPF hiciera grandes dividendos produciendo y produciendo, pero los pozos se agotaron y no hubo inversión para recuperarlos. Así quedamos», resumió, trazando el paralelo con el presente: la diferencia ahora está en el marco jurídico del RIGI, que busca garantizar que las empresas inviertan y no solo extraigan.
Energía intensiva, no mano de obra intensiva: el cambio de paradigma
Ante la pregunta sobre si el sector energético genera suficiente empleo para compensar el rezago de la industria, el comercio y la construcción, Vecchi fue honesto en su respuesta: no es un problema exclusivo de la energía sino del cambio tecnológico en general. «Hoy no es la mano de obra lo que define los costos de una empresa, sino la actualización tecnológica», señaló, poniendo como ejemplo el contraste entre Fate —que no invirtió en décadas y terminó cerrando— y Aluar, cuyos dueños reinvirtieron permanentemente y siguen siendo competitivos. La enseñanza es simple pero dura: las empresas que no actualizan tecnología no pueden sobrevivir en un mercado abierto, independientemente de la protección estatal.
Minería: potencial enorme con resistencias que hay que superar
Al final de la conversación, Vecchi se refirió brevemente al desarrollo minero, reconociendo que no es su especialidad pero aportando una mirada pragmática. Las resistencias ambientales e ideológicas son reales, pero también lo es esta realidad técnica: muchas de las concentraciones minerales del norte argentino no eran explotables con las tecnologías anteriores. Hoy sí lo son. «Si yo no lo toco y lo dejo ahí, tampoco lo voy a poder sacar después», dijo, señalando que la explotación responsable requiere capital, experiencia y tecnología que Argentina no tiene por sí sola y que debe atraer. «Es como comenzar de nuevo y no estamos en condiciones de hacerlo solos», cerró.


