El joven emprendedor de San Nicolás, estudiante de Negocios Digitales en la Universidad Austral y creador de Laburapp, contó en San Nicolás Debate cómo un cartel en un pasillo universitario lo llevó a ganar un premio de innovación, viajar a Israel y competir ahora por representar a Latinoamérica en México.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Gonzalo Vicente —joven emprendedor nicoleño, estudiante de tercer año de la carrera de Negocios Digitales en la Universidad Austral y creador de Laburapp, una plataforma digital para conectar trabajadores de oficio con clientes—. Con apenas 20 años y una trayectoria que ya incluye un premio internacional de innovación universitaria y un viaje de estudios a Israel, Vicente ofreció un testimonio que combina la frescura de quien está empezando con la convicción de quien ya sabe adónde va.
De los pasillos de la facultad al ecosistema emprendedor
Vicente describió cómo su inclinación hacia el emprendedorismo no nació de un plan sino de una actitud: siempre estuvo moviéndose, buscando cosas que hacer, participando. Cuando llegó a la Universidad Austral, ese impulso encontró un entorno que lo amplificó. Comenzó con proyectos de marketing y publicidad junto a amigos y conocidos, y fue derivando hacia algo más concreto a medida que los proyectos ganaban forma y los vínculos con profesores y mentores lo fueron orientando.
De ese recorrido nació Laburapp, su proyecto más desarrollado hasta ahora. La idea es simple en su concepto pero valiosa en su aplicación: una plataforma que conecta trabajadores de oficio informales —plomeros, electricistas, albañiles, pintores— con potenciales clientes, reduciendo la brecha de desconfianza y visibilidad que hoy existe en ese mercado. «Todos necesitamos un plomero o un electricista, pero ¿dónde los encontramos? De eso se trata: unir oferta y demanda», explicó. El producto mínimo viable está en desarrollo y todavía no fue lanzado al público, pero el proyecto ya mostró suficiente potencial como para competir —y ganar— en instancias de alta exigencia.
Un cartel en el pasillo que cambió todo
La historia del premio comenzó casi por casualidad. Un cartel colgado en los pasillos de la Austral anunciaba una competencia de emprendimientos con premios a la innovación. Vicente se presentó, pasó instancias de entrevistas, validaciones y presentaciones de documentos, llegó hasta el IAE —el área de posgrado, maestrías y doctorados de la universidad— y quedó entre los tres mejores proyectos de toda la convocatoria. El premio: un viaje completamente financiado a Israel, organizado por ILAN, la red que conecta a Israel con Latinoamérica en materia de innovación y emprendedorismo.

«La verdad, increíble. Israel es un país muy innovador. Te llevás muchas ideas», dijo Vicente. Lo que más le impactó fue la dimensión del fenómeno israelí: un país pequeño, sin recursos naturales significativos, que exporta aplicaciones, startups y empresas tecnológicas que el mundo usa sin saber de dónde vienen. «Es increíble ver todo el desarrollo que tienen siendo tan poca población. Su ventaja competitiva está en los recursos humanos y en la innovación», señaló, haciendo una comparación que tiene resonancias obvias para Argentina.
La siguiente etapa: el certamen por México
El viaje a Israel no fue el final sino el punto de partida de una nueva competencia. ILAN lanzó entre todos los premiados de sus distintos países —Argentina, Uruguay, México, República Dominicana y varios más— una votación pública para elegir quién representa al conjunto en un viaje a México, donde está la sede de la organización. El ganador será la cara visible de los premios en un evento de promoción y caridad. Vicente es uno de los candidatos y está en campaña de votos, compitiendo con jóvenes de toda la región.
Emprendedor se hace, no se nace
Ante la pregunta clásica sobre si el emprendedor nace o se hace, Vicente fue categórico: se hace. «Uno no lo busca. Son cuestiones que se van dando. Con la experiencia, la gente que conocés, los vínculos que formás, vas desarrollando ideas y en algún momento decís: estaría bueno hacer algo con esto. Ahí es cuando te metés en el mundo del emprendedorismo», describió.
Y sobre el contexto para emprender en la Argentina hoy, aportó una observación que recogió de su entorno: hace pocos años los jóvenes de su edad hablaban de irse del país porque no veían futuro. Hoy la conversación está cambiando. «Se ve que hay un largo plazo. Se ve que el joven quiere moverse, quiere hacer algo por la sociedad», dijo, reflejando un cambio de humor generacional que varios análisis políticos también registran.

La inteligencia artificial y las habilidades que no se pueden automatizar
Como estudiante de Negocios Digitales, Vicente no podía esquivar el tema de la inteligencia artificial. Su respuesta no fue técnica sino pedagógica: la irrupción de la IA —con figuras del sector como Dario Amodei pidiendo frenar el ritmo de desarrollo— deja una pregunta de fondo que vale más que cualquier debate sobre algoritmos. «¿Qué es lo que le estamos enseñando a los chicos? ¿Qué queremos inculcarle a las futuras generaciones?», planteó, señalando que las habilidades blandas —saber diferenciarse, comunicar, relacionarse, crear— son las que van a definir quién sobrevive y prospera en ese nuevo mundo.
El consejo para quien quiere empezar pero tiene miedo
Al cierre, Schubert le pidió un mensaje para los jóvenes que quieren emprender pero los frena la incertidumbre. Vicente respondió con una frase que resume su filosofía de vida con la economía de las palabras que los jóvenes usan cuando hablan en serio: «El uno es infinitamente mayor al cero. Cualquier inicio es mucho más grande que el lugar donde estamos ahora. Y de fallar también se aprende. Los grandes de la historia fallaron muchísimas veces y siguieron. Ahí es donde se ve realmente la gente que vale.»


