El músico, compositor y exintegrante de La Mosca repasó en San Nicolás Debate su recorrido artístico, contó cómo nació en una gira por Estados Unidos la canción que se convirtió en el himno de la Selección campeona del mundo y explicó por qué ve la inteligencia artificial como una herramienta y no como una amenaza.
El segundo bloque de San Nicolás Debate recibió a Sergio «Checho» Cairat, uno de los músicos nicoleños con mayor proyección. En diálogo con Baltasar Schubert, recorrió su historia desde la infancia hasta el presente, con La Mosca y «Muchachos» como capítulos centrales.
De los tarros de aceite a la guitarra
Cairat vivió hasta los 9 años en La Violeta, un pueblo a unos 50 kilómetros de San Nicolás. Allí, con apenas cuatro o cinco años, ya golpeaba tarros de aceite con palitos porque lo suyo era la batería. Cuando la familia se mudó a la ciudad, ya que su padre trabajaba en Somisa, quiso aprender ese instrumento, pero no encontró quién le enseñara. Tenía una guitarrita de Casa América y le gustaba cantar, así que sus padres lo mandaron a estudiar guitarra. «Ahí arranqué y no paré nunca más», resumió.

Después llegaron los teclados, el bajo y otros instrumentos, una primera etapa folclórica, el pop rock en la juventud, las composiciones propias, bandas locales como Los Morgan y, finalmente, 18 años en La Mosca. Ese recorrido explica cómo define hoy su identidad artística: «Es un cóctel de todo lo que uno vino haciendo». Al folclore, el tango y el pop sumó lo que escuchó en sus viajes, como la salsa de Colombia y Puerto Rico. «Uno es un todo de lo que vivió, de lo que toca y de lo que le gusta», reflexionó.
Un viaje de fin de curso constante
Su llegada a La Mosca tuvo un antecedente particular: antes del 2000 daba clases de teclado y guitarra a dos integrantes del grupo y ya colaboraba con algunos arreglos. Cuando el tecladista dejó la banda, lo fueron a buscar. Recuerda esa etapa como una experiencia hermosa, con giras por muchos países y la posibilidad de componer y grabar sus propios temas. «Era como un viaje de fin de curso constante, tocando todos los fines de semana en el país o afuera», describió.
La historia de «Muchachos»
La canción más famosa en la que participó nació lejos de casa. La banda estaba de gira por Estados Unidos y tenía que tocar en un bar mexicano de Boston. Antes de la prueba de sonido, Guille, el cantante, le dijo que tenía una idea. Cairat llevaba la guitarra criolla que lo acompaña siempre, y buscaron un rincón tranquilo. «Fuimos al baño porque era el lugar más silencioso que teníamos ahí», contó entre risas. Mientras Guille cantaba, él fue sacando los acordes. La probaron con la banda esa misma tarde y, de regreso en el país, se convirtió en el último tema en entrar al disco.
Así surgió «Muchachos, esta noche me emborracho», la versión original de lo que años después sería el canto de la hinchada argentina en Qatar 2022. Cairat ya no estaba en La Mosca cuando la Selección se coronó, y vivió la final en su casa de San Nicolás, tomando mates con su esposa. Luego vio cómo los granaderos y sus excompañeros la tocaban para recibir a los campeones. «Fue una cosa tremenda», recordó. «Parece como que no lo hubiéramos hecho nosotros», agregó sobre la sensación de escuchar convertida en himno una canción que había nacido en el baño de un bar.


La inteligencia artificial, una herramienta
Consultado sobre el impacto de la inteligencia artificial en la música, fue claro: «Yo lo tomo como una herramienta». Reconoció que puede generar canciones completas, pero sostuvo que lo esencial sigue siendo humano. «El sentimiento, la emoción que vos le vas a poner, no la va a dar la inteligencia artificial», afirmó. Por eso insistió en la importancia de estudiar acordes, escalas y composición, y de aprender a tocar un instrumento o a cantar.
Puso como ejemplo el Festival de Jazz del último fin de semana, en el que su empresa estuvo a cargo del sonido: todos los espacios estuvieron llenos para ver músicos en vivo. «No va a haber nada que reemplace eso», aseguró.
Además, recordó un antecedente. A fines de los años 80, una publicidad en la revista El Musiquero prometía armar una banda entera con un secuenciador Kawai Q-80. Viajó a Ricordi, en Buenos Aires, y lo compró aunque ni el vendedor sabía cómo funcionaba. Estuvo dos meses guardado en el ropero hasta que, junto a otro músico local y con revistas especializadas estadounidenses, aprendió a usarlo. «Hace 30 años teníamos como la primera inteligencia artificial», comparó. Y concluyó que aquella tecnología no desplazó a los músicos, sino que se incorporó: hoy muchas bandas tocan en vivo con secuencias.
Lo que viene
Actualmente, Cairat está abocado a su empresa de sonido, luces y pantallas, pero nunca dejó de componer. Junto a Guille, de La Mosca, sigue trabajando canciones viejas y nuevas que «en algún momento darán su fruto». Su sueño pendiente es reunir un trío o un cuarteto y grabar la «versión Checho Cairat» de algunos de sus temas más conocidos, tal como los imaginó originalmente. «A seguir con la música a full», se despidió.


