El CEO de NASHAV y asesor internacional en seguridad analizó en San Nicolás Debate la diferencia entre seguridad pública y ciudadana, los resultados del plan bandera en Rosario y la vuelta de la violencia cuando se retiran las fuerzas federales. También contó el trabajo que realizó para la CONCACAF en Panamá y por qué la inteligencia artificial es hoy una herramienta indispensable para prevenir el delito.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Carlos Alberto Miranda —CEO de NASHAV, titular de Nayab S.R.L. y asesor internacional en materia de seguridad con experiencia en Argentina, Colombia, Panamá y Centroamérica—. Con una trayectoria que lo llevó desde la creación de protocolos para la AFA hasta el asesoramiento a la CONCACAF, Miranda ofreció una mirada experta sobre la seguridad que va mucho más allá de la anécdota policial y apunta al corazón de las políticas de prevención.
Seguridad pública y seguridad ciudadana: dos conceptos que no son lo mismo
El primer aporte conceptual de Miranda fue una distinción que pocos hacen pero que tiene consecuencias prácticas enormes. La seguridad pública es la que diseña y ejecuta el Estado desde arriba: políticas nacionales o provinciales para combatir el narcotráfico, la trata de personas o el crimen organizado, a través de los ministerios y fuerzas de seguridad. Su característica es que es reactiva y estática: ante un problema puntual se despliegan recursos, se resuelve la crisis y se vuelve a la normalidad, sin que quede instalada una política sostenida para ese territorio.
La seguridad ciudadana, en cambio, funciona de abajo hacia arriba. Nace en el barrio, en la vecinal, en el municipio. Involucra a los vecinos, a la policía local y a las autoridades municipales en un trabajo conjunto y permanente de prevención. «Son más modernas, más flexibles. Se pueden disolver o agregar según el problema que tenga cada vecindario», explicó Miranda. Un ejemplo concreto que ilustra la diferencia: elaborar un mapa térmico del delito —con las zonas de mayor conflictividad, los puntos de inseguridad vial, los bunkers de droga, los espacios sin iluminación— es una herramienta de seguridad ciudadana que el municipio puede y debe desarrollar. «No tiene que hacerlo el gobierno provincial. Tiene que hacerlo el estado municipal», fue su conclusión.
La CONCACAF y la figura del director de seguridad deportiva
Miranda regresó a la entrevista desde Panamá, donde participó de una misión vinculada al Mundial de Fútbol. Desde NASHAV, su equipo desarrolló la figura del director de seguridad deportiva —originalmente creada para la AFA— y fue convocado por la CONCACAF para extenderla a los países que integran esa confederación, que históricamente no tienen profesionales especializados en seguridad para eventos masivos.
¿Qué hace un director de seguridad deportiva? Diseña un programa de prevención para cada encuentro deportivo, coordinando a todos los actores involucrados: policía, autoridades del club, intendentes, jueces con competencia en el evento. «Se encontró la figura para cada actor que tiene el Estado dentro de un evento deportivo», describió Miranda, subrayando que el trabajo no es improvisado sino planificado con antelación y adaptado a las características de cada encuentro: qué hinchadas van a participar, cuáles son los riesgos específicos, qué protocolos se activan ante diferentes escenarios. Para el año próximo, el trabajo se proyecta hacia la CONMEBOL.
Inteligencia artificial y tecnología: herramientas indispensables para la prevención
Ante la pregunta sobre el rol de la tecnología en las políticas de seguridad, Miranda fue enfático: para la seguridad ciudadana moderna, la inteligencia artificial no es un complemento sino una herramienta fundamental. Tanto para prevenir actividades delictivas como para anticipar otro tipo de riesgos —daños ambientales, accidentología vial, concentraciones de personas en eventos masivos—, la IA permite detectar patrones y actuar antes de que el problema escale.
El Mundial en curso fue su ejemplo más concreto: la IA y la tecnología forman parte del dispositivo de seguridad que está evitando disturbios en los estadios. Y para el contexto local, Miranda planteó que San Nicolás podría beneficiarse de un análisis de riesgo colaborativo que su equipo podría realizar, identificando puntos críticos en la circulación vial, los estacionamientos y otros espacios urbanos. «No tiene que ver solamente con el delito, sino también con el control y el orden de la inseguridad vial», señaló, ampliando la noción de seguridad más allá de lo criminal.
Rosario: el éxito del plan bandera y el retroceso cuando se van las fuerzas federales
El tramo más denso de la entrevista fue el análisis de la situación en Rosario, ciudad de la que Miranda es oriundo y sobre la que tiene conocimiento directo. Regresó de Colombia —donde recibió un premio por su trabajo en Medellín y Bogotá— en un momento en que organismos internacionales ya estudiaban la crisis de violencia en las ciudades argentinas, con Rosario a la cabeza.
El diagnóstico que ofreció sobre el éxito inicial del plan bandera fue preciso: las cuatro fuerzas federales llegaron, elaboraron un mapa de calor e identificaron el problema de fondo. La conclusión fue que el narcotráfico no puede avanzar sin tres patas que lo sostengan: el consentimiento —implícito o explícito— de sectores de la justicia, de la política y de las fuerzas de seguridad. Al interrumpir esa estructura en los niveles intermedios de la pirámide criminal, los homicidios dolosos cayeron un 67% en el primer año. «Es una cifra muy grande», reconoció Miranda.
Pero la historia no terminó ahí. El plan comenzó a dar señales de retroceso cuando se retiraron algunas fuerzas federales para enviarlas a otros puntos del país y se relajó el control territorial en zonas que habían sido cubiertas por Gendarmería, Prefectura y Policía Federal. El resultado fue previsible: las bandas urbanas retomaron actividad y los homicidios volvieron a subir. El caso más emblemático que mencionó fue el de los tres jóvenes asesinados en Vaigorría, en el cordón industrial. «El crimen organizado está desarrollando su actividad y apunta a los jóvenes que consumen sustancias y terminan involucrados con el narcotráfico», advirtió.
La lección que extrae Miranda es estructural: los programas de seguridad dan resultado cuando son sostenidos y actualizados en el tiempo. La seguridad estática —que resuelve el problema puntual y luego se retira— siempre deja la puerta abierta para que el problema regrese. «Si hacés algo estático, esa problemática va a subir otra vez y no vas a saber cómo resolverla», sintetizó.
El modelo para ciudades modernas que ya llega a Centroamérica
Al cierre, Miranda presentó el programa de nueva seguridad ciudadana para ciudades modernas que su equipo desarrolló y que ya fue ofrecido al intendente de San Nicolás. El mismo modelo está siendo implementado en ciudades de Centroamérica —mencionó el caso de Neiva, en la región del Huila en Colombia, una ciudad que comparte características con San Nicolás— y en septiembre regresa invitado a la región para continuar ese trabajo.
El eje del programa es la seguridad ciudadana organizada, con participación activa de los vecinos y las instituciones locales, enfocada en la prevención más que en la reacción. «Como profesional de la seguridad, he visto que da muchísimo resultado en cuanto a la prevención. Desde la seguridad pública hacia abajo todavía seguimos esperando grandes resultados», cerró Miranda, con la claridad de quien sabe que el cambio real en materia de seguridad empieza en el barrio y no en los ministerios.


