Eduardo Kastika: «El mejor líder creativo no es el que tiene las mejores ideas, sino el que hace que su gente se luzca»

El reconocido especialista en creatividad e innovación analizó en San Nicolás Debate la diferencia entre crear e innovar, por qué las empresas latinoamericanas bloquean la creatividad de sus propios equipos y cuál será la habilidad más valiosa para las organizaciones en los años que vienen: entender la esencia del ser humano.

En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Eduardo Kastika, uno de los especialistas en creatividad e innovación más reconocidos de América Latina, con décadas de experiencia trabajando con empresas y organizaciones de la región. Lejos de los discursos motivacionales sin sustancia, Kastika aportó definiciones precisas, distinciones conceptuales útiles y una mirada honesta sobre las limitaciones que enfrentan las empresas latinoamericanas para sacar el máximo provecho del potencial creativo de sus equipos.

Creatividad humana vs. creatividad artificial: siguen siendo cosas distintas

El punto de partida fue una pregunta que hoy resulta inevitable: ¿qué significa la creatividad en un contexto donde la inteligencia artificial puede generar poesías, imágenes o ideas en segundos? Kastika ofreció una distinción que aclaró el panorama. La creatividad, en su definición clásica, es la capacidad de generar aportes nuevos y valiosos. La IA generativa puede hacer eso —crear algo nuevo y valioso— y a ese fenómeno lo llamó creatividad artificial, un concepto emergente. Pero la creatividad humana conserva dimensiones que la IA no replica: la capacidad de explorar con genuina incertidumbre, incubar ideas a lo largo del tiempo, inspirarse, convencer a otros, resolver problemas en situación y —sobre todo— improvisar. «Eso lo necesitamos muchísimo», subrayó.

Creatividad e innovación: no son lo mismo

Uno de los aportes más útiles de la entrevista fue la distinción entre creatividad e innovación, dos términos que se usan indistintamente pero que describen fenómenos diferentes. La creatividad es la capacidad de producir algo nuevo y valioso —puede quedarse en el ámbito de una persona, un grupo o una empresa—. La innovación ocurre cuando esa idea nueva se instala en la vida de la gente y produce una transformación real. «Podés tener un sistema creativo para hacer asados que usás en tu casa. Eso no es una innovación. Es innovación cuando se transforma en un producto que usa todo San Nicolás», ilustró con humor. La innovación requiere adopción masiva; la creatividad, no necesariamente. Y ambas tienen valor, aunque de tipo diferente.

También trazó la línea entre creatividad y disrupción. No todo creativo es disruptivo: hay artistas, directores de cine o empresarios que producen mucho valor siguiendo reglas establecidas. El disruptivo es quien cambia las reglas del juego. Puso a Tarantino como ejemplo de director disruptivo, que inventó un nuevo lenguaje cinematográfico, diferenciándolo de cineastas igualmente creativos pero que trabajaron dentro de convenciones existentes.

Por qué las empresas bloquean su propio potencial creativo

La pregunta sobre por qué tantas organizaciones terminan sofocando la creatividad de sus equipos provocó una respuesta que tuvo la virtud de no culpar a ninguno de los dos lados de manera absoluta. Por un lado, los gerentes y líderes que no son tolerantes ante las ideas nuevas porque su prioridad es la eficiencia, los costos y los resultados inmediatos. Por otro, los empleados que sobrevaloran sus propias ideas y creen que su gerente no les presta atención cuando en realidad la idea no era tan buena. «En mi experiencia, nunca es tan genial la idea del que se queja porque no le dieron bolilla. Y nunca tiene tanta razón el gerente que dice que las ideas que le dan son horribles», dijo Kastika con la franqueza de quien tiene décadas de trabajo concreto con empresas.

Su punto central fue que en Latinoamérica —y particularmente en Argentina— el contexto de inestabilidad económica y la presión por la eficiencia inmediata son factores objetivos que condicionan la cultura organizacional. «No puedo llegar a un corralón con la lógica de Silicon Valley y decirles que tienen que equivocarse rápido y aprender del fracaso, cuando les cambia la lista de precios cada dos días y tienen que resolver problemas reales ahora», ejemplificó. El desafío que él trabaja es ayudar a las empresas a salir de esa inercia sin ignorar las restricciones del contexto.

El líder creativo: el que no se nota

La descripción del liderazgo creativo fue uno de los momentos más reflexivos de la entrevista. Kastika desarmó el estereotipo del líder creativo como alguien que genera ideas brillantes constantemente. En su visión, el buen líder creativo es aquel que crea las condiciones para que su equipo pueda prosperar y crecer. «Cuando sos líder, ya no importa que vos tengas buenas ideas. Lo que importa es que le des lugar a mucha gente que multiplica tus ideas porque vos le das ese lugar», explicó. El mejor líder, en ese marco, es casi el que no se nota: el que con humildad logra que quienes lo rodean se luzcan.

¿Descentralización real o «el ojo del amo engorda el ganado»?

Ante la pregunta sobre si las empresas latinoamericanas avanzaron hacia estructuras de toma de decisiones más horizontales, Kastika eligió la honestidad por sobre la corrección política. «Lo que yo debería decir para quedar bien es que hemos avanzado mucho. Pero la realidad es que en Latinoamérica, y especialmente ante contextos de inestabilidad, la lógica del ojo del amo engorda el ganado se fortalece», reconoció. La diferencia respecto de una década atrás está en el sector: en tecnología y economía del conocimiento hay más estructuras descentralizadas, pero esas empresas pequeñas y flexibles tienen una tasa de mortalidad altísima. En los sectores más tradicionales, el modelo vertical persiste.

Los sectores más creativos de Argentina: el agro sorprende

Al pedirle que señalara los sectores más creativos de la economía argentina, Kastika ofreció una respuesta que sorprendió por su primer lugar: el agro y la agroindustria. No como actividad tradicional sino como ecosistema de innovación aplicada. «Para mí es un sector de chico de tapa a nivel mundial. La tecnología aplicada al agro, los grupos Crea, las empresas internacionales que trabajan con equipos locales de primerísimo nivel. Es un sector extraordinario», afirmó. También mencionó el sector de producción artística y, más recientemente, el sector petrolero como espacios donde están ocurriendo cosas interesantes en términos de innovación. Y aclaró algo que no es menor: el primer acto de innovación de una empresa es seguir funcionando. «La empresa más innovadora es la que logra continuidad», dijo, con la sabiduría de quien sabe que sobrevivir en Argentina ya es, en sí mismo, un ejercicio de creatividad.

La habilidad más valiosa del futuro: entender al ser humano

Para el cierre, Kastika fue preguntado por la habilidad más importante que van a necesitar personas y organizaciones en los años que vienen. Su respuesta fue deliberadamente contracultural en un contexto dominado por el entusiasmo tecnológico: cuidar la perspectiva humana. «La tecnología se termina consiguiendo. Pero creo que van a prevalecer las empresas que entiendan mejor la esencia del ser humano: cómo escucha, cómo siente, cómo decide quedarse o no», señaló. En un mundo donde cada empleado decide todos los días si se queda o se va, los líderes que genuinamente entienden y retienen talentos serán los que marquen la diferencia. Una conclusión que, viniendo de un especialista en innovación, tiene el valor de lo que se gana con los años: la certeza de que las personas siguen siendo el centro de todo.

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