El economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso analizó en San Nicolás Debate el anuncio presidencial sobre la reforma del Banco Central, la visita de Georgieva y la relación con el FMI, el estado de la inflación y el dólar, y por qué los inversores del RIGI todavía esperan más señales de continuidad política antes de comprometer capital.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el economista Iván Cachanosky —docente, consultor financiero y economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso— ofreció un análisis de coyuntura que arrancó caliente: minutos antes de la entrevista, el presidente Milei había dado una cadena nacional para anunciar la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central. Cachanosky tomó el tema desde el primer minuto y desde ahí desplegó una lectura que recorrió inflación, dólar, RIGI, el vínculo con el FMI y las tensiones con Brasil.
La reforma del Banco Central: un solo objetivo, en lugar de cinco
El anuncio presidencial fue el punto de partida inevitable. El eje central de la reforma propuesta es reducir los objetivos del Banco Central de cinco a uno: preservar el valor de la moneda. Para Cachanosky, la dirección es correcta y no es una novedad conceptual. Cuando Nueva Zelanda atravesó su crisis a mediados de los 80, hizo exactamente lo mismo: reformó su carta orgánica para que el único mandato del banco central fuera luchar contra la inflación. «En un banco central con ese foco es donde tenés que estar. Después, si resolvés la inflación, quizás podés pensar en objetivos secundarios como el desarrollo económico», explicó.
Otro elemento que destacó fue el fortalecimiento de la autonomía institucional: hacer más difícil la remoción del presidente del Banco Central y sus directores, desatándolo de los vaivenes de la política. «Eso es algo que se venía reclamando», señaló. Y conectó el anuncio con la consistencia del programa económico general: equilibrio fiscal, prohibición de financiar al Tesoro con emisión, fin del esquema que desde la reforma de la Carta Orgánica de 2012 le dio vía libre a los políticos para financiarse con la maquinita. «Ese cambio de 2012 hizo mucho daño y estoy contento de que se esté dando marcha atrás», dijo. En cuanto a la vía legislativa, estimó que el proyecto irá al Congreso y que, con las negociaciones adecuadas, el gobierno tiene números para aprobarlo.
La visita de Georgieva: el FMI también cambió de actitud
La visita de Kristalina Georgieva, titular del FMI, fue leída por Cachanosky como una señal en sí misma. Históricamente, el organismo llegaba a Argentina a reclamar el cumplimiento de metas. Esta vez, Georgieva visitó Vaca Muerta y exhibió públicamente su confianza en el horizonte de inversiones del país. «¿Cuándo hizo el FMI eso? Siempre estaba diciendo: pónganse las pilas con las metas. Ahora que Argentina lo hizo, el FMI empieza a dar otra señal», observó.
El diagnóstico sobre la relación con el organismo fue positivo: el gobierno logró cumplir la mayoría de las metas en un país donde la regla histórica era no cumplirlas. En algunos casos incluso fue más ambicioso que el Fondo: mientras el organismo hubiera pedido bajar el déficit de cuatro a dos puntos, el gobierno apuntó directamente a cero. «El FMI era mucho más gradualista de lo que propuso Milei en lo fiscal», señaló. Esa credibilidad ganada es la que explica el cambio de tono del organismo.

Inflación: la tendencia a la baja no está tan consolidada como parecía
Sobre el estado de la inflación, Cachanosky fue honesto sobre sus propias expectativas revisadas. Venía satisfecho con la tendencia: el pico había sido el 3,4% de marzo, luego bajó a 1,9 y 1,8. Pero los datos de julio volvieron a subir al 2,1%, y eso le genera dudas sobre si la consolidación debajo del 2% es tan sólida como parecía. «Tenía la sensación de que íbamos a acercarnos fácilmente al 1,5% y eso no está tan claro ahora», reconoció. La explicación que ofreció es que la confianza se recuperó parcialmente pero no del todo, lo que se traduce en una demanda de pesos que todavía es volátil.
La importancia de sostener la desinflación excede lo estadístico: a medida que baja la inflación, hay más margen para bajar la tasa de interés y dar oxígeno al crédito. Eso es lo que más necesitan los sectores rezagados —pymes, comercio, industria, construcción— para aliviar el ahogamiento financiero. «Cuanto más baje la inflación, también favorece que el salario le gane a la inflación y que la gente recupere poder adquisitivo», señaló. «Ojalá que lo de julio sea una subidita y que después retome el camino a la baja», cerró el punto con optimismo contenido.
El dólar: tranquilo en 2026, con signo de interrogación en 2027
La perspectiva sobre el tipo de cambio fue relativamente tranquilizadora para el corto plazo. Cachanosky identificó tres razones que sostienen la estabilidad cambiaria al menos hasta finales de 2026. Primera: los vencimientos de deuda en dólares fueron refinanciados y pateados para después de 2028, con mejores tasas, lo que elimina presiones de demanda de divisas en el horizonte inmediato. Segunda: el Banco Central estuvo acumulando reservas de manera sostenida, construyendo un colchón que no existía. Tercera: los sectores que más crecen —energía, minería, agro— son generadores netos de dólares, lo que alimenta la oferta de divisas de manera estructural.
«Mientras no haya elecciones, me parece que el mercado cambiario puede tener cierta tranquilidad», dijo. El 2027, en cambio, es otra historia: la incertidumbre electoral genera volatilidad en la demanda de pesos y el mercado inevitablemente va a testear las reservas del Central. Por eso el trabajo de acumulación de este período es crucial: es el margen de defensa para cuando llegue esa presión.
RIGI: el capital espera señales de continuidad política
Sobre el bajo volumen de inversiones efectivamente desembolsadas bajo el régimen RIGI —a pesar de los 18 proyectos aprobados— Cachanosky ofreció una lectura que coloca el problema en la política, no en la economía. Los inversores tienen fresca la experiencia del gobierno de Macri: ganó las legislativas pero perdió las presidenciales. Ese antecedente hace que muchos prefieran esperar y ver si hay continuidad antes de comprometer capital de largo plazo. «Me imagino que muchos inversores están diciendo: veamos qué pasa, porque ya ocurrió que se ganaron las legislativas y después se perdieron las presidenciales», dijo.
Su evaluación es que el escenario actual es más favorable para Milei que el que enfrentó Macri, fundamentalmente porque la oposición está mucho más dividida y debilitada. «No hay que subestimar a la oposición, que es hábil para rearmarse, pero hoy no hay una oposición clara», advirtió con cautela. Y añadió la condición que el gobierno no puede ignorar: si descuida la micro, si los sectores rezagados no encuentran alivio, eso puede jugarle en contra en la elección. «Espero que estén pensando en estos amortiguadores», insistió.
Brasil y Lula: tensión pasajera entre socios que se necesitan
El cierre fue sobre el chispazo político entre Milei y Lula, que puso en duda la solidez del vínculo con el principal socio comercial de Argentina. Cachanosky lo relativizó con pragmatismo: el mismo presidente que prometía no comerciar con China terminó siendo pragmático en la práctica. Lo mismo ocurrirá aquí. «A Argentina ni a Brasil les conviene que se debilite el comercio, sobre todo en un mundo internacional que va poniendo cada vez más incertidumbre», señaló. Su pronóstico: en dos o tres semanas el episodio quedará atrás y la normalidad comercial volverá a imponerse. «Me gustaría que ciertas formas sean distintas y que se eviten estas tensiones, pero no creo que termine jugando en contra», concluyó.


