Martín Maggi: «Argentina siempre tuvo fluctuaciones cíclicas. Hay que analizarlas, ajustarse y seguir para adelante»

El empresario pyme y prosecretario de la Federación de Comercio e Industria reveló en San Nicolás Debate que su familia lleva más de 200 años en la vida comercial e institucional de la ciudad, con intendentes que construyeron el Teatro Municipal y la usina eléctrica, y un pionero de la aviación argentina. Hoy él exporta sus productos desde el Parque Industrial y apuesta a quedarse en San Nicolás.

En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Martín Maggi, fundador y titular de Servimader —fábrica de pallets, embalajes y estivas de madera ubicada en el Parque Industrial de la ciudad— y prosecretario de la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás. Pero detrás del empresario de hoy hay una historia que pocas personas conocen: una saga familiar de más de dos siglos entrelazada con la construcción institucional, comercial y cultural de San Nicolás.

Más de 200 años de historia nicoleña en el ADN familiar

Maggi abrió la conversación con una revelación que sorprendió a Schubert: su familia materna, los Morteo, llega a San Nicolás desde Montevideo hace más de doscientos años. El primero en arribar fue Ignacio Morteo, padre de Serafín Carlos Morteo, comerciante, banquero e intendente de San Nicolás a principios del siglo XX. Bajo su conducción se construyeron algunas de las obras más emblemáticas de la ciudad: el Palacio Municipal, el Palacio de Tribunales y, la joya de todas, el Teatro Municipal.

«Él decía que en San Nicolás teníamos que tener espectáculos de la calidad de los que se disfrutaban en Buenos Aires», recordó Maggi. El teatro se inauguró en 1912, pero Serafín Carlos Morteo no llegó a verlo terminado: falleció antes de la inauguración. Un detalle que añade un tono agridulce a la historia de uno de los edificios más queridos de la ciudad.

La saga continúa con José Leo Morteo Larrea, bisabuelo de Maggi, también intendente en varios períodos, cuya obra más recordada fue la construcción de la usina eléctrica de San Nicolás. «Quería que tuviéramos nuestra propia producción de energía eléctrica y bajar los costos de iluminación», contó Maggi. Y cerró el repaso familiar con una figura que él mismo admitió que pocos conocen en la ciudad: Felipe de Maradona Larrea, el piloto número siete de Argentina, nacido en San Nicolás, cofundador del Aeroclub Argentino junto a Aarón Anchorena, Ana Sagasti y Jorge Newbery. «Fue un groso», dijo Maggi con la admiración directa de quien descubrió tarde la dimensión de ese ancestro.

De ingeniero agrónomo en la Sociedad Rural a fabricante de pallets

El propio recorrido de Maggi es también una historia de construcción gradual. Se recibió de ingeniero agrónomo y antes de terminar la carrera ya trabajaba en la Sociedad Rural Argentina, donde acumuló experiencia a escala nacional e internacional durante varios años. «Aprendí muchas cosas. Uno va construyendo su personalidad, va viendo», dijo. Pero el llamado del negocio propio llegó y hoy dirige Servimader, su fábrica de pallets y embalajes de madera en el Parque Industrial de San Nicolás. El año de la entrevista marcó un hito: comenzó a exportar sus productos. «Estoy todo el día enchufado, buscando», describió con la energía del que disfruta lo que hace.

La Federación: un café que se convierte en mucho más

Hace relativamente poco, Maggi se sumó a la comisión directiva de la Federación de Comercio e Industria, donde hoy ocupa el cargo de prosecretario junto al presidente Andrés Bockl y un grupo de empresarios que renovaron el impulso de la institución. Su descripción de la experiencia fue gráfica: «Uno va pensando que va a hacer un aporte mínimo, como tomar un café en un bar, pero te llevás un montón. Primero una vinculación importantísima con las mejores empresas de la ciudad. Y la posibilidad de hacer negocios permanentemente con gente que de otra forma no conocerías».

Destacó el espacio de coworking que la Federación puso en marcha el año anterior como uno de los signos más visibles de la renovación institucional. «La Federación hoy tiene una vida que hace mucho no tenía. Hay entrada permanente de profesionales, empresarios y prestadores de servicios», señaló, e invitó a quienes todavía no participan a sumarse, aprovechando las actividades que se realizan cada quince días con invitados de alto nivel.

El contexto económico: hay que mirar el bosque, no el árbol

Sobre el día a día como empresario pyme en la Argentina actual, Maggi eligió una mirada que encuadra el momento local dentro de una transformación global más amplia. «No es que en el país hubo un cambio y qué problema. Hay un cambio mundial donde negocios que existían dejan de existir y nacen negocios nuevos», planteó, señalando que la respuesta correcta no es lamentarse sino anticiparse. Eso implica mirar el futuro, adoptar tecnología, estar presentes en plataformas como MercadoLibre o Amazon, y sobre todo entender que vender ya no alcanza: hay que fidelizar al cliente.

Su percepción sobre el clima de negocios fue positiva, aunque con matices. «Depende de quién te lo cuente, pero yo veo un clima positivo. Tengo mucho trabajo y este año empecé a exportar», afirmó. Y cuando le preguntaron si el empresario argentino tiene ganas de invertir, la respuesta fue sin dudas: «El empresario argentino siempre arriesgó. El que es empresario de pura cepa siempre apostó a su empresa. Si tenés tu empresa, tenés ganas de que siga creciendo».

Liderazgo positivo y responsabilidad social: dos valores que no negocia

Al hablar de cómo gestiona su equipo, Maggi fue directo sobre su modelo de liderazgo. El jefe que grita y genera mal clima ya no funciona y no tiene lugar en una empresa competitiva. «El liderazgo positivo es fundamental. Vos necesitás que ellos estén contentos trabajando. La comunicación, el involucramiento, los buenos sueldos: todo eso es un ida y vuelta», explicó.

Sobre la responsabilidad social empresaria, la postura fue igualmente clara: todos los empresarios deberían estar involucrados con algún aspecto de la comunidad —cultura, educación, producción— porque el desarrollo de la ciudad es el desarrollo propio. «Elegimos vivir acá. Entonces tenemos que aportar», sintetizó.

Una apuesta por San Nicolás: quedarse cuando otros se van

El cierre de la entrevista tuvo el tono de un manifiesto personal. Maggi reconoció que muchos de sus amigos y contemporáneos emigraron, aunque muchos también volvieron. Él eligió quedarse. «Siempre aposté a acá. Tengo mis raíces acá, toda mi familia, mis amigos. Hay que jugársela acá», dijo con convicción. Una frase que, viniendo de alguien cuya familia lleva más de doscientos años construyendo San Nicolás, tiene el peso de la historia detrás.

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