«Si la pyme no existe, Argentina no existe»: la voz del empresariado productivo que no aguanta más

Miguel Jacobawsky, conocido en redes sociales como “El Pyme”, radiografió ante San Nicolás Debate la tormenta perfecta que atraviesa el sector: embargos de ARCA, competencia desleal china, una ley laboral que no fomenta el empleo y un modelo que premia al extractivismo mientras la industria sobrevive de milagro.

Hay una Argentina que vuela y otra que se hunde. Esa es, en pocas palabras, la fotografía que trazó Miguel Jacobawsky —empresario industrial, psicólogo y fenómeno viral en redes sociales bajo el seudónimo de “El Pyme”— en su paso por San Nicolás Debate. No se trata, aclaró desde el principio, de sectores que van «rezagados» respecto de los que lideran el crecimiento: se trata de sectores que marchan en direcciones completamente opuestas.

Mientras la agrominería, la energía y la intermediación financiera celebran un momento de auge, las pymes productivas atraviesan lo que Jacobawsky definió como «una tormenta perfecta». Los ingredientes son conocidos pero devastadores en combinación: un dólar caro que encarece los costos internos, una demanda doméstica debilitada, y una carga impositiva que sigue siendo «realmente muy distorsiva» en comparación con otros países del continente. El resultado es un universo empresarial que no está creciendo ni reconvirtiéndose, sino llanamente sobreviviendo. «Las pymes están en un proceso de subsistencia», dijo sin rodeos. «Pensar en invertir hoy no está en la mente de la mayoría de los empresarios de la Argentina.»

En ese contexto, el RIMI —el régimen de incentivos para pymes que el gobierno impulsó como contrapartida del RIGI para las grandes inversiones— no ha dejado huella visible. Para Jacobawsky es «inocuo y hasta declarativo», porque nadie invierte cuando no puede pagar los sueldos. La ley de modernización laboral tampoco resuelve el nudo central: «a mi humilde entender, las modernizaciones laborales tienen que fomentar el empleo, no fomentar el despido». La norma, señaló, pone el foco en facilitar la desvinculación del trabajador en lugar de abaratar su contratación, cuando lo que el sector necesita es exactamente lo contrario.

Pero el golpe más agudo llega por otro flanco: los embargos de ARCA. Jacobawsky describió una dinámica perversa que el que tiene una pyme reconoce de inmediato: ante la imposibilidad de pagar impuestos, sueldos y reposición de mercadería al mismo tiempo, el empresario elige los salarios y la mercadería. ARCA, entonces, congela las cuentas. Y una cuenta embargada es una pyme paralizada. «El que me escucha y es pyme sabe de lo que estoy hablando», afirmó. El desenlace es previsible: esas empresas migran a la informalidad no por vocación sino por «pulsión de subsistencia». Y sus trabajadores, que en el universo laboral argentino figuran entre los mejor pagos del sector formal, los siguen hacia la marginalidad.

A eso se suma la presión de la competencia china. Jacobawsky fue contundente al describir el fenómeno: China no solo produce a escala, sino que lo hace con subvenciones de origen que constituyen un dumping sistemático. «Lo que pasa con China es que invade a los países con productos por debajo de los precios internacionales, se gana el mercado, y después ese precio empieza a subir». El resultado es la pérdida de soberanía productiva: el país de origen deja de fabricar, se vuelve dependiente y cuando quiere recuperar esa capacidad, ya no tiene con qué. «Entiendo que es importante estar abiertos al mundo, pero tiene que ser de una manera selectiva y no tan desigual como está ocurriendo en Argentina», advirtió.

Urgencia y estrategia

Ante este cuadro, Jacobawsky planteó medidas en dos planos. En el plano urgente, la primera exigencia es simbólica pero no menor: que el gobierno deje de señalar a las pymes como «formadores de precios». Ese estigma, dijo, es injusto y contraproducente. La segunda medida es concreta e impostergable: frenar los embargos de ARCA y habilitar planes de pago con cuotas que estén por debajo de la inflación, para que las empresas puedan regularizar su situación sin quedar fuera del mercado. La transición del modelo cerrado al modelo abierto fue demasiado abrupta y no estuvo acompañada de ningún amortiguador: «hubo un traspaso fenomenal ideológico sin un intermedio y sin acompañamiento». Alguien tiene que poner ese puente.

En el plano estratégico, Jacobawsky señaló dos grandes deudas pendientes: el crédito productivo accesible y la infraestructura logística. Hoy, graficó, «es más barato traer un contenedor desde China que mandar ese mismo contenedor de China a Córdoba». Las rutas destruidas rompen los camiones, los camiones encarecen el flete, el flete lo paga el consumidor final. Es un círculo que horada la competitividad antes incluso de que el producto llegue al mostrador.

Pero Jacobawsky también giró la mirada hacia adentro. Las pymes, reconoció, tienen una deuda con su propia profesionalización. «Hay mucha confusión en la pyme y muchas veces no se sabe que se está perdiendo plata hasta que llega un momento terminal». La solución pasa por incorporar métricas de gestión —cash flow, dashboard, P&L— que permitan leer la salud económica y financiera del negocio en tiempo real. A eso se suma la necesidad de adoptar inteligencia artificial en los procesos internos, no como un lujo sino como una herramienta de supervivencia competitiva.

Para el cierre, cuando se le preguntó por las expectativas de cara al resto del año y al 2027, la respuesta fue desarmante en su honestidad: «Ninguna». Pero inmediatamente aclaró que no es pesimismo, sino estrategia. «Soy optimista en juntarnos, en juntar voluntades». El modelo que propone es el brasileño: en ese país, el 50% de los legisladores proviene de cámaras pymes, lo que garantiza que las políticas sectoriales no sean la primera variable de ajuste sin importar quién gobierne. «Puede pasar de Lula a Bolsonaro y de Bolsonaro a Lula, pero las pymes no se tocan. ¿Por qué? Porque tienen representación real en el poder real». Ese es el horizonte que Jacobawsky propone para Argentina: que las pymes dejen de ser objeto de las políticas y se conviertan en sus artífices.

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