Luis Secco: «La actividad económica está estancada desde el primer trimestre del año pasado y eso genera fatiga en la sociedad»

El director de Perspectiv@s Económicas analizó las contradicciones del programa económico del gobierno, cuestionó la política monetaria y cambiaria, y advirtió que los escándalos de corrupción le restan eficacia a cualquier pedido de paciencia a la ciudadanía. También planteó las condiciones que faltan para que la apertura importadora no destruya industria.

En el tercer programa de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el economista Luis Secco —director y editor de la consultora y newsletter Perspectiv@s Económicas, que fundó en 2002 y que se consolidó como una referencia del análisis estratégico en el país— aportó una mirada crítica pero constructiva sobre el rumbo económico argentino. Sin alinearse con la oposición ni con el oficialismo de manera acrítica, Secco señaló con precisión los puntos donde el programa económico muestra inconsistencias y las correcciones que, a su juicio, se vuelven urgentes.

Una cuarta fase con problemas no resueltos

Secco encuadró la situación actual como la cuarta fase de un programa económico que en cada transición genera incertidumbre. Esta etapa debía caracterizarse por la remonetización de la economía y por un tipo de cambio que acompañara la inflación para evitar el atraso cambiario real. Pero ninguna de las dos cosas está ocurriendo. «No hay remonetización ni tampoco hay un tipo de cambio que acompaña la inflación. Eso genera presiones en muchos sectores y una expectativa algo negativa sobre el futuro», señaló.

El economista identificó además una contradicción en el propio discurso oficial: el presidente Milei afirma simultáneamente que la demanda de dinero está creciendo y que va a sacar todos los pesos de la calle. «Si hubiera más demanda de dinero, no hay por qué sacar los pesos de la calle», observó Secco. Para él, esa contradicción revela que los resultados en materia monetaria no están siendo los esperados y que el programa necesita ajustes que el gobierno, hasta ahora, se niega a hacer.

El Banco Central compra dólares, pero no tantos como parece

Sobre la acumulación de reservas, Secco reconoció que el Banco Central está comprando divisas, pero matizó el dato: una parte significativa de esos dólares se va por otras ventanillas, y el ritmo de compra, comparado con períodos anteriores, no es tan robusto como se presenta. Su sugerencia, compartida por otros economistas, apunta a una devaluación moderada que permita comprar más dólares a mayor precio y con mayor oferta. «Si valiera más el tipo de cambio, por ahí podrías comprar más dólares», planteó, apuntando al nudo central del debate cambiario.

Por qué cuesta bajar la inflación: la comparación con Uruguay y Chile

Ante la pregunta sobre por qué Argentina no logra bajar la inflación de los niveles actuales pese a no estar emitiendo, Secco fue directo. Primero hizo una corrección: el gobierno de Milei también hizo crecer la cantidad de dinero de manera considerable en su inicio, y recién ahora está tratando de revertirlo con una política monetaria que calificó de «extremadamente restrictiva». Pero el problema de fondo va más allá de los números.

La diferencia con Uruguay o Chile, según Secco, estuvo en la gestión de las expectativas. «No hubo tantas promesas infundadas. No se creó la expectativa de que la inflación iba a caer a cero en meses. Se hizo un programa y se lo explicó sin hablar de fases», afirmó. Esa dinámica de anunciar fases sucesivas genera, paradójicamente, una percepción de transitoriedad en las políticas públicas que mantiene la inflación más alta durante más tiempo. El otro factor diferencial fue la política monetaria y cambiaria: las bandas indexadas por inflación y el cepo al dólar no tienen precedentes en los procesos de estabilización exitosos a nivel internacional. «Eso es el talón de Aquiles de la política económica», sostuvo.

Fatiga del ajuste y legitimidad política

Uno de los momentos más reflexivos de la entrevista llegó cuando Schubert preguntó cuánto más puede aguantar una sociedad en la que, según distintas mediciones, el 70% de las familias no llega a fin de mes. Secco recurrió a un concepto bien documentado en la literatura económica: la fatiga o cansancio del ajuste. «Siempre llega un punto en el cual el respaldo a la política se agota, porque los costos son tangibles y los beneficios todavía quedan en el futuro», explicó.

Pero hay un agravante que Secco consideró especialmente serio: el impacto de los escándalos de corrupción sobre la eficacia del programa económico. «Cuando un gobierno pierde legitimidad, los programas económicos pierden potencia. Es muy distinto pedirle paciencia a la sociedad cuando sos creíble y no tenés sospechas dándote vuelta, que cuando no», advirtió. El pedido de paciencia en un contexto de cuestionamientos éticos cercanos al propio presidente genera una irritabilidad social mucho mayor que en condiciones normales.

Y añadió un ejemplo concreto de cómo la crisis política está dañando la gestión: la Ley de Modernización Laboral todavía no fue reglamentada, tarea que le corresponde coordinar al jefe de gabinete. «El jefe de gabinete está preocupado en cómo responder en el Parlamento el 29, armando carpetas sobre Adorni, en lugar de estar juntando al Ministerio de Trabajo y a todos los involucrados para poner en marcha la reglamentación. Necesitás que alguien gestione el Estado», dijo Secco con visible preocupación.

La apertura es buena, pero hay que estar preparado para hacerla

El último tramo de la entrevista abordó la apertura importadora y el futuro de la industria argentina. Secco rechazó dos posiciones extremas: ni la de quienes plantean que Argentina no necesita industria para crecer, ni la de quienes defienden la protección indefinida. «Ese debate lo dan los países que no tienen industria. Nosotros ya tenemos una», señaló con pragmatismo. E incluso recordó que varios sectores hoy competitivos a nivel mundial —la industria aceitera, la automotriz— nacieron bajo protección.

El punto central de su argumento fue la condición de equidad: la apertura es buena cuando se nivela la cancha. Y hoy la cancha está lejos de ser pareja. «Hablás con cualquier productor argentino y te dice que si pagara los mismos impuestos que pagan los australianos o los noruegos, habría muchas producciones industriales que serían viables incluso con apertura», graficó. Abrir la economía sin resolver antes la carga tributaria que aplasta la competitividad local equivale a poner a competir a un productor local con alguien que tiene reglas de juego completamente distintas. «Tenés que abrir cuando sabés que estás nivelando la cancha. Si abrís y no resolvés la cuestión tributaria, hay un problema», concluyó.

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