Juan Carlos Uboldi: «No podemos caer en una economía dual donde un sector va a mil por hora y otro va para atrás»

El vicepresidente de la Federación de Comercio e Industria y director de Industria de CAME cerró San Nicolás Debate con una advertencia central: el crecimiento de Vaca Muerta y la minería es auspicioso, pero si no se protege y desarrolla la industria manufacturera y la clase media trabajadora, el resultado será una sociedad más desigual y excluyente.

En el bloque institucional que cierra cada edición de San Nicolás Debate —el programa producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert— el último invitado de la noche fue el contador Juan Carlos Uboldi, vicepresidente de la Federación de Comercio e Industria y director de Industria de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Con una trayectoria extensa en el dirigencialismo empresarial y una visión que recorre la realidad industrial desde lo local hasta lo nacional, Uboldi aportó el contrapeso necesario al optimismo macroeconómico: la mirada de quienes están adentro de las fábricas, los talleres y las pymes industriales que hoy luchan por sobrevivir.

El sector manufacturero: caída constante con alguna tregua fugaz

Uboldi abrió el análisis con datos concretos. El sector manufacturero viene de una caída sostenida. El mes anterior había mostrado una pequeña suba, pero al momento de la entrevista los números volvieron a caer: 2,1% en el último período. Las causas son múltiples y se combinan de manera perversa: un consumo interno debilitado que es el motor natural de la industria orientada al mercado local, un ahogamiento financiero producto de las tasas de interés históricamente altas que rigieron durante meses, el sobreendeudamiento tanto de proveedores como de consumidores y una informalidad que se agravó. A eso se suma el crecimiento del contrabando. «Todos esos factores hacen que el sector industrial esté muy castigado», sintetizó.

Los costos que matan la competitividad

Consultado sobre los principales costos que afectan la competitividad de la pyme industrial, Uboldi señaló tres: las tarifas de servicios públicos, la carga impositiva en sus tres niveles —nacional, provincial y municipal— y el costo laboral. Sobre este último hizo una observación que incomoda pero que describe la realidad: el mayor condicionante laboral hoy no es el marco regulatorio sino la falta de trabajo. «El desempleo actúa como barrera al costo laboral. Es lamentable, pero es así», dijo con la franqueza del dirigente que no puede permitirse el lujo de las eufemismos.

Sobre la reforma laboral, reconoció que está funcionando de alguna manera, pero fue claro en señalar que la prioridad debería haber sido la inversa: primero la reforma fiscal de fondo y después la laboral. «Ya estamos en ese camino. Ahora hay que apurar los tiempos de la reforma fiscal», señaló, apuntando a la agenda pendiente más urgente para el sector productivo.

Minería: auspiciosa, pero no alcanza sola

Uno de los aportes más interesantes de la entrevista fue la perspectiva que Uboldi puso sobre la mesa respecto del boom minero. Reconoció que el crecimiento del sector es real y positivo para la balanza de pagos, pero relativizó la idea de que pueda reemplazar al sector industrial como motor del desarrollo. El argumento fue cuantitativo: con todos los proyectos en danza, para 2035 Argentina alcanzaría una producción minera per cápita de entre 3.100 y 3.200 dólares. Chile ya tiene hoy 4.150. «Ni siquiera alcanzaríamos a Chile con ese crecimiento», señaló. La comparación no apunta a desalentar la minería sino a poner en perspectiva sus límites como motor único.

El modelo que propuso como referencia es Australia, donde una producción minera muy elevada convive con lo que se denominan las MET —industrias asociadas a la minería— que en algunos casos equivalen en tamaño al propio sector extractivo. «Multiplican por dos el porcentaje de PBI aplicado a minería e industria», explicó. La conclusión es clara: la minería puede ser una gran palanca, pero necesita una industria proveedora y asociada para que su impacto se multiplique en el tejido económico.

Vaca Muerta y el superávit energético: auspicioso, pero no suficiente

Sobre las proyecciones de superávit comercial energético para 2030 gracias a Vaca Muerta, Uboldi fue elogioso pero inmediatamente encuadró la buena noticia en el riesgo que más le preocupa: la economía dual. «Va a generar que no tengamos los estrangulamientos históricos del dólar en Argentina y eso es muy importante», dijo. Pero añadió la advertencia que recorre toda su intervención: si ese crecimiento no alcanza a los demás sectores, el resultado es exclusión, desempleo y una sociedad cada vez más desigual. «Estamos caracterizados por ser una sociedad con una fuerte clase media, con obreros industriales con buenos salarios que consumen mucho. Esa riqueza social no podemos perderla», afirmó.

Apertura importadora: sin tiempos de adaptación

Sobre los sectores más golpeados por la apertura —marroquinería, calzado, algunos segmentos siderúrgicos— Uboldi ofreció una lectura que pone el acento en los tiempos. No cuestionó la dirección de la apertura sino la velocidad. En todos los procesos históricos de reconversión industrial que funcionaron, hubo plazos de transición. En este caso, el cambio ocurrió prácticamente de un día para el otro. «Es muy difícil adaptarse a ese cambio», señaló.

Mencionó el caso del calzado como ejemplo de un sector que tiene capacidades reales para diferenciarse: diseño de calidad, historia productiva, conocimiento acumulado. Pero para aprovechar esas ventajas se necesita tiempo y protección frente a la competencia desleal. «Está entrando mercadería sin los requisitos de calidad necesarios. Eso hay que verlo», advirtió, reclamando estándares de calidad en las importaciones como mínimo básico para equilibrar la cancha.

El acuerdo Mercosur-Unión Europea: una oportunidad real con condiciones

Sobre el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, Uboldi fue positivo. El acceso al mercado europeo para la carne argentina —favorecido por la situación sanitaria que restringe a Brasil— abre una oportunidad concreta para el sector ganadero y agrícola con valor agregado y buenos precios. «Argentina tiene todo para desarrollarse en esos sectores», afirmó. Pero volvió una vez más al concepto que articula toda su intervención: ese crecimiento no debe ser dual. Tiene que alcanzar a la mayoría de los sectores y la industria tiene que tener participación en ese proceso, porque las capacidades tecnológicas están y las empresas que invirtieron en tecnificación merecen ser parte de la expansión.

Los ejes de una política industrial con sustentabilidad

Al cierre, Uboldi trazó los pilares de lo que considera una política industrial seria para Argentina. Primero, aprovechar las ventajas comparativas en minería pero desarrollar la industria asociada que multiplique el impacto. Segundo, la agroindustria: hay mucho camino por recorrer en ganar mercados con valor agregado, siguiendo el modelo de Nueva Zelanda con los lácteos en el sudeste asiático. Tercero, defender la siderurgia: Argentina tiene capacidad instalada y, en San Nicolás específicamente, una planta nueva con tecnología de primer nivel mundial. «Tenemos que defenderla», dijo sin rodeos.

La síntesis de su posición es que Argentina tiene sectores con potencial real para crecer, competir y exportar, pero necesita una política que los acompañe con plazos razonables de transición, reforma fiscal que nivele la cancha y protección frente a la competencia desleal. «Hay muchos sectores en los cuales podemos mantenernos, crecer y multiplicar la producción», cerró, con la convicción de quien lleva décadas apostando por la industria nacional desde adentro.

Más entrevistas

Add New Playlist