El escritor, pensador y referente histórico del peronismo analizó en San Nicolás Debate el laberinto en que está atrapado el movimiento que contribuyó a fundar, reflexionó sobre el Papa Francisco y la visita de León a la Argentina, y ofreció una mirada sin concesiones sobre la corrupción, el endeudamiento y el rol del patriotismo en una sociedad fragmentada.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Julio Donato Bárbaro —escritor, pensador, analista político y referente histórico del peronismo argentino, con una trayectoria que arranca en el movimiento estudiantil de los años 60—. Con la libertad de quien ya no le debe nada a nadie ni necesita quedar bien con ningún sector, Bárbaro ofreció uno de los análisis más descarnados y personales que el programa ha recibido: sobre el peronismo, la corrupción, el Papa Francisco, la visita del Papa León y el gobierno de Milei.
El peronismo es un recuerdo que da votos
La primera pregunta fue directa: ¿cómo analiza el laberinto en que está atrapado el peronismo, dividido entre las aspiraciones presidenciales de Kicillof, la interna con La Cámpora y la figura de Cristina Kirchner? La respuesta de Bárbaro fue lapidaria desde el arranque: «El peronismo es un recuerdo que da votos. No es una realidad, no es un partido, no es una fuerza política. Es un recuerdo, un tiempo.»
Para Bárbaro, el problema de fondo no es organizativo ni ideológico sino cultural: la ausencia de patriotismo. «Lo que está fallando es el patriotismo», dijo, y señaló con tristeza que Argentina llegó a un nivel de decadencia institucional y social comparable al de Bolivia o Perú, cuando fue un país que estuvo entre los primeros del mundo. «Hoy Canadá, México y Brasil son los tres países libres del continente. El resto estamos en esos niveles de decadencia», afirmó.

Al preguntarle por qué el peronismo históricamente no logra resolver sus diferencias internas por los carriles formales de la democracia interna, Bárbaro apuntó a Menem como el punto de quiebre: «Menem fue la peor traición del peronismo, fue el antiperonismo en persona, por eso hay tantos apellidos Menem en este gobierno.» Y amplió la crítica a toda la política argentina: «En Brasil o en Chile el amor a la patria es anterior a la pertenencia a los partidos. En nosotros pareciera que no.»
Francisco: el Papa que éramos incapaces de apreciar
La conversación tomó un giro inesperado y emocionalmente intenso cuando Bárbaro habló del Papa Francisco, con quien mantuvo una relación de cercanía e intimidad que le dio un lugar único para observarlo. «La primera vez que lo vi, le dije: si usted hubiera nacido en Brasil, nadie se atrevería a hablar mal de usted. Y con tristeza me dijo: ni siquiera en Chile», recordó.
Para Bárbaro, esa respuesta resume algo profundamente vergonzoso de la sociedad argentina: fue el único país del mundo que no supo sentirse orgulloso de tener un papa. «Cualquier otro país se hubiera sentido orgulloso. Nosotros apareció esa fractura enfermiza que tenemos», señaló. Y relató cómo, frente a la muerte de Francisco, mientras Biden y Trump enviaban sus condolencias, un periodista le llamó para decirle que el Papa era amigo de Juan Grabois, como si eso fuera lo relevante. «Los odios, la pequeñez de los odios enturbia la necesidad de la grandeza de la mirada», dijo.
Sobre Francisco como figura histórica de la Iglesia, fue también elogioso en términos doctrinarios: «Transformó la Iglesia. Expulsó la influencia de los negocios dentro de ella y reinstó la fe como centro. La Iglesia ocupa hoy el lugar que antes ocupaban el marxismo y la socialdemocracia: el humanismo en la humanidad.»
La visita del Papa León: reivindicar lo que Francisco no pudo hacer
Sobre la visita del Papa León anunciada para noviembre, Bárbaro fue claro en su lectura: es una reivindicación de la relación que Francisco no pudo tener con Argentina y del viaje que nunca hizo. «León reivindica lo que Francisco no pudo tener. Es una señal importante», afirmó. Y situó la visita en un contexto más amplio: en un mundo donde los grandes marcos ideológicos colectivos se desvanecieron, la Iglesia ocupa el espacio desde el cual el humanismo todavía puede recuperarse como proyecto.
El fútbol: la unidad que la conciencia no logra
El pasaje por el Mundial fue breve pero revelador. Para Bárbaro, el fútbol hace lo que la política no puede: generar un sentido de unidad que la conciencia colectiva no alcanza a construir. «El deporte nos da el sentido de unidad que la conciencia no nos logra dar», dijo. Y aprovechó para señalar una paradoja que lo inquieta: «La vida nos regala grandes jugadores de fútbol mientras no tenemos ningún dirigente político a la altura de lo que puede ser un Sanguinetti o un Mugica en Uruguay, o un Lula o un Bolsonaro en Brasil.»
Insaurralde y la corrupción: el juego como impuesto al débil
La imagen del vestuario de Insaurralde desbordando dólares le provocó una reflexión que va mucho más allá del escándalo puntual. Bárbaro recordó que Juan Domingo Perón, en el 73, pidió votar en contra de la legalización del juego. Y señaló que fue precisamente el manejo del juego lo que generó fortunas como la de Insaurralde. «El juego es el impuesto al débil. Es una enfermedad», dijo. Y extendió la crítica a todos los casos de enriquecimiento ilícito dentro del peronismo: «A mí me da asco, porque la política es el sueño de realizar el amor colectivo y eso no tiene nada que ver con los que salimos en los 60 a luchar por un país distinto.»
Milei: el equilibrio fiscal, único mérito. El resto, un gobierno de perversos
La pregunta final —¿qué atributo positivo le ve a Milei?— generó la respuesta más explosiva de la noche. El único mérito que Bárbaro estuvo dispuesto a reconocerle al presidente fue haber planteado el equilibrio fiscal como objetivo. Todo lo demás mereció una crítica sin anestesia: «Un gobierno que baja los impuestos a los yates y a los autos de lujo y baja los aportes a los discapacitados es un gobierno de enfermos mentales, perversos mentales. De eso no se sale.»
Fue especialmente duro con la situación de los siete millones de argentinos endeudados que hoy pagan cuatro o cinco veces el capital que pidieron prestado, y con la respuesta del gobierno: «Caputo dice que las deudas son una cuestión entre privados. Es grotesco. Un gobierno que no se ocupa de los necesitados no es un gobierno: es un gobierno de los ricos.»
Pero su crítica no fue exclusiva del oficialismo. El cierre de su intervención fue quizás el más provocador: «La Cámpora y Milei son dos sectas que deforman pensamientos que creen en ideologías. Y las recetas ideológicas nunca han servido para nada, ni marxistas, ni anarquistas, ni liberales. La política transita por la cordura. Y la cordura no tiene ideología.»


