El economista, docente universitario y autor de «Las falacias libertarias» analizó en San Nicolás Debate las promesas incumplidas del programa económico de Milei, el tipo de cambio y el dilema de cuándo devaluar, y adelantó los contenidos de la charla que brindará el 21 de agosto en la Federación de Comercio e Industria.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Guido Agostinelli —economista, docente universitario, empresario y escritor, autor de los libros «Las falacias libertarias» y «Experimento libertario»—. Con la precisión de quien construyó sus argumentos recorriendo experiencias internacionales en Irlanda, Singapur y Suiza, Agostinelli ofreció una lectura crítica pero matizada del gobierno de Milei: reconoció los avances en reservas y déficit, cuestionó la narrativa de fondo y anticipó lo que viene para la economía argentina.
La falacia central: que el liberalismo extremo trae prosperidad
El libro que da nombre a la entrevista nació antes de que Milei asumiera, como un ejercicio de verificación: ¿las grandes verdades reveladas del libertarismo se corroboran en la realidad histórica? La respuesta de Agostinelli, después de haber recorrido los países que el propio Milei citaba como modelos —Irlanda, Singapur, Suiza—, fue contundente: en absolutamente todos los casos, esos países aplicaron medidas opuestas a las que proponía el presidente argentino. «No hay evidencia en ningún país del mundo de que liberalizar la economía al extremo lleve a mayor prosperidad. Todos los países que han prosperado lo hicieron con intervención estatal», afirmó.
Aclaró que eso no significa defender cualquier tipo de intervención: «La intervención estatal es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo económico.» El problema no es el Estado en sí sino la calidad y el foco de esa intervención. Y señaló que la propia gestión de Milei terminó alejándose del ideario libertario puro: «Si bien se nota el tinte ideológico en todas sus medidas, no está llevando adelante la hipótesis libertaria extrema.»

Uno de los datos que usó para ilustrar la distancia entre las promesas y los resultados fue el ranking del PBI global y el PBI per cápita: «Milei decía que íbamos a convertirnos en potencia mundial. Lo que está pasando es que desde su llegada estamos cayendo en ambos rankings.»
Lo que el gobierno hizo bien: reservas y superávit, con matices
Agostinelli fue explícito en reconocer los avances reales del gobierno en dos frentes. La acumulación de reservas en el Banco Central es, a su juicio, un dato genuinamente valioso: «Siempre te da mayor fortaleza frente a cualquier vaivén. Ese es un dato positivo sin lugar a dudas.»
Sobre el superávit fiscal, su evaluación fue más matizada. Reconoció que hay un consenso amplio en que era necesario alcanzarlo, pero señaló una crítica técnica que el propio FMI plasmó en uno de sus informes: si los títulos de deuda se contabilizaran correctamente —incluyendo los intereses que generan mes a mes y no solo al vencimiento—, el resultado sería en realidad un déficit fiscal. «El FMI en uno de sus apartados dice que bien contabilizados los títulos de deuda, lo que tenemos es déficit fiscal», señaló.
Pero su crítica más profunda al ajuste no fue técnica sino distributiva: «El problema no es tanto el superávit o el déficit en sí mismo, sino quiénes están pagando las consecuencias. Se quitaron impuestos a sectores que pueden afrontarlos y se trasladaron costos vía servicios públicos a los sectores medios, que no pueden escapar de pagar el colectivo, la luz o el gas.»
Desindustrialización y economía dual: el diagnóstico más duro
Al analizar la brecha entre sectores ganadores —agro, energía, minería— y sectores rezagados —industria, construcción, comercio—, Agostinelli aportó un dato que define la magnitud del problema: «Fuimos el país que más se desindustrializó del mundo. El primero era Hungría, pero Hungría está empezando a revertirlo con la salida de Orbán. Nosotros somos sin duda uno de los que más se desindustrializaron.»
Anticipó además que todas las consultoras privadas están midiendo una caída del PBI en el segundo trimestre del año. «Si se confirman los datos oficiales, sería un fuerte revés para el gobierno porque uno de los sectores estrella —el financiero— está más flojo», explicó. Y advirtió que el boom minero que sostiene parte del crecimiento tiene una trampa: si se saca el litio del análisis, el impulso del sector se explica principalmente por la suba de precios internacionales de los minerales, no por un aumento real de la producción. «Es más que nada un boom de precios», señaló.
La inflación: bajó, pero a costa de los salarios y con la demanda deprimida
Sobre la inflación —uno de los caballitos de batalla del gobierno—, Agostinelli reconoció la baja pero cuestionó la narrativa que la rodea. La principal falacia libertaria en este punto, explicó, es pensar que el efecto monetario es el único que influye sobre los precios. «El propio gobierno lo termina asumiendo cuando habla de «ataques especulativos» o de «expectativas» como factores que demoraron la baja. Ya está reconociendo que hay otras variables», señaló.
Y puso el dedo en la llaga: buena parte de la desinflación se explica por el colapso de la demanda. «Si la gente pudiera consumir más, los precios subirían. Eso no es un triunfo del programa monetario, es una consecuencia del empobrecimiento», afirmó. Sumó otro elemento: la baja de la inflación se logró en parte a costa de una baja real de los salarios.
El dilema cambiario: devaluar antes o devaluar después
El tramo final abordó el tipo de cambio, uno de los temas más sensibles de la coyuntura. Agostinelli descartó posiciones extremas de ambos lados y planteó la pregunta en términos de timing: el gobierno tiene dos opciones, devaluar este año o aguantar y enfrentar mayor presión el año que viene. «Si lo decide mantener a toda costa, va a ser la peor opción porque va a empezar a filtrarse la salida de dólares y todos vamos a percibir el tipo de cambio como barato. Si devalúa este año, llega más cómodo a un año electoral», dijo.
Sobre si la devaluación per se resuelve algo, fue claro: en el corto plazo puede mejorar la competitividad licuando costos en dólares, pero no es una solución estructural. «Los países que prosperan no lo hacen devaluando. Lo que tienen es un plan industrial, un plan de cómo hacer prosperar a los sectores que generan más divisas», señaló, conectando el debate cambiario con la crítica más profunda al modelo: la ausencia de una política productiva deliberada.
El 21 de agosto en la Federación: qué se viene para la economía argentina
Al cierre, Agostinelli anticipó los contenidos de la charla que brindará el 21 de agosto a las 19 horas en la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás, con entrada libre y gratuita. La propuesta apunta a dar herramientas concretas a comerciantes, empresarios y pymes para anticiparse a lo que viene: cuál es la economía que se puede prever en lo que queda del año y en 2027, cómo leer las señales del programa económico actual y cómo posicionarse en función de ese escenario. «Muchas empresas la están pasando realmente mal. La idea es ver cómo defenderse de esta situación o, para los que les va bien, cómo aprovechar y que les vaya todavía mejor», cerró.


