Diego Coatz: «Hoy el mercado anda bien, pero el supermercado anda mal»

El economista, exdirector ejecutivo de la Unión Industrial Argentina y actual director de la consultora I+D, analizó en San Nicolás Debate el estancamiento de la industria, el atraso cambiario y la falta de una política para el entramado pyme. Advirtió que los próximos meses serán clave para evitar un 2027 difícil.

El bloque institucional de San Nicolás Debate estuvo dedicado a la economía. Baltasar Schubert dialogó con Diego Coatz, economista de perfil desarrollista que durante dos décadas fue director ejecutivo y economista jefe de la UIA y que hoy dirige la consultora I+D (Industria y Desarrollo).

Más de una década de estancamiento

Coatz comenzó con una mirada de largo plazo. Según explicó, la última recuperación industrial fuerte se dio entre 2002 y 2007, con crecimiento, inversión y uso pleno de la capacidad instalada. Desde la crisis internacional de 2008, y sobre todo a partir de 2012, el sector entró en una etapa de estancamiento.

Coincidió en que el empleo privado formal y la cantidad de empresas alcanzaron su punto máximo en 2011. Luego llegó un período de «efecto serrucho»: la economía caía en los años sin elecciones y repuntaba en los años electorales. A partir de la devaluación de 2018, el estancamiento se profundizó, con la excepción de la recuperación de 2021 y 2022.

Sobre la actualidad, recordó que, tras el ajuste de 2024, a fines de ese año la economía parecía empezar a recuperarse. Sin embargo, desde febrero de 2025 la actividad volvió a frenarse. Si se excluyen la minería, el petróleo y el agro, la industria y la construcción muestran números negativos, con impacto en el empleo, la inversión y la economía cotidiana.

Dólares que no llegan a la pyme

Para Coatz, el país atraviesa una oportunidad excepcional. Los buenos precios internacionales del petróleo, la soja y el maíz, sumados a mayores volúmenes de producción, permitirán este año un superávit comercial de bienes cercano a los 30.000 millones de dólares, una cifra que calificó como «algo impensado el año pasado». El problema, advirtió, es que esos dólares no están impulsando la actividad. «Hoy el mercado anda bien, pero el supermercado anda mal», sintetizó. «Si el supermercado no empieza a mejorar, probablemente el mercado se complique.»

Entre las medidas macroeconómicas que propuso, mencionó políticas de crédito, inversión pública financiada por organismos multilaterales para mejorar la logística y reactivar la construcción, la devolución del IVA en compras formales para combatir la informalidad y el contrabando, y una política cambiaria más flexible que acompañe los costos de producción. En el plano microeconómico, pidió atender las realidades de cada sector, especialmente de las pymes y las actividades intensivas en mano de obra, pero también de exportadores como los alimentos elaborados, la química, la plástica y la petroquímica, que hoy, según dijo, están «zafando» pero no invierten.

El orden como punto de partida

Consultado sobre el valor del ordenamiento macroeconómico, reconoció que es «un activo». Sin embargo, aclaró que no alcanza por sí solo. «A ese orden le falta crecimiento», afirmó. Y advirtió que, si no hay más inversión y empleo, «lo que va a volver es el desorden».

Sobre el RIGI, lo consideró una política necesaria por la seguridad jurídica y la previsibilidad que ofrece, aunque cuestionó si todos sus beneficios fiscales son imprescindibles. Para explicar su crítica, habló de un «darwinismo económico inducido»: «Les das anabólicos a los leones, que son las petroleras, y al resto de los animales los dejás competir en el medio de la selva». A su entender, falta una política para el ecosistema pyme, metalmecánico y siderúrgico, muy presente en San Nicolás. Además, recordó que esas empresas compiten contra un Estado chino que subsidia a sus compañías.

El «efecto sándwich»

Sobre el tipo de cambio, sostuvo que el dólar quedó atrasado frente a los costos. Lo explicó con lo que llama «efecto sándwich»: este año, los servicios medidos en dólares subieron un 40%, la energía y otros servicios más de un 25%, y los precios industriales apenas un 8%. Con una demanda débil, la industria queda atrapada en el medio.

Advirtió también sobre el riesgo de un «efecto resorte»: si el tipo de cambio se mantiene comprimido durante demasiado tiempo, puede terminar en un salto brusco. «Si para ganar unas décimas de inflación en el corto plazo anclás el tipo de cambio, eso genera un daño en el tejido productivo», sostuvo, y agregó que, a la larga, ese esquema termina impactando en la inflación.

Tres meses decisivos

Para el cierre, afirmó que los próximos tres meses y medio serán decisivos. El piso de la caída, que se esperaba para marzo, se extendió hasta septiembre, y ahora deben recuperarse el comercio, la industria, la construcción y los servicios. Mencionó como riesgos para 2027 una posible baja de los precios internacionales, la incertidumbre en Estados Unidos y la mayor demanda de dólares propia de un año electoral. «Si llegás con una economía real estancada y lo financiero te empieza a traer incertidumbre, vamos a un 2027 difícil», advirtió. Y concluyó: «Estamos a tiempo de tomar medidas y evitarlo».

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