El médico inmunólogo nicoleño analizó en San Nicolás Debate la cirugía pulmonar del Papa y consideró que está en condiciones clínicas de viajar a la Argentina. También habló de su experiencia en la investigación oncológica, del impacto del estrés en la salud y de los límites de la inteligencia artificial en la medicina.
El primer bloque de San Nicolás Debate recibió al doctor Lorenzo Fernández Viña, especialista en alergia e inmunología clínica con más de cinco décadas de trayectoria en la investigación científica. Baltasar Schubert lo convocó para analizar uno de los temas que dominan la agenda internacional: la salud del Papa.
Un hallazgo a tiempo
León XIV fue operado el martes 13 de octubre en el Policlínico Gemelli de Roma para extirparle un nódulo pulmonar, que luego el Vaticano confirmó como un adenocarcinoma pulmonar. Para Fernández Viña, el pronóstico es muy favorable. «Si me decís que tenés un familiar con un nódulo único de no más de un centímetro, te diría: operalo, sacalo y olvidate del cáncer», explicó. «El nódulo solitario de pulmón tratado precozmente es el único cáncer de pulmón que se cura total y definitivamente.»
El médico recordó que alrededor del 70% de los pacientes llega a la consulta cuando el tumor ya está avanzado y se extendió. Como en general no provoca síntomas, el diagnóstico temprano suele producirse por controles periódicos o de manera casual, como en el caso del Papa, cuyo nódulo, según explicó, apareció en una tomografía de abdomen que alcanzó la base del pulmón. Fernández Viña detalló que se trata de un adenocarcinoma, el tipo más frecuente en personas que no fuman, y que, al no haber salido de su cápsula, no representa riesgo. Tras la extirpación del lóbulo afectado, el resto del pulmón se expande y recupera su capacidad.
¿Puede viajar?
La gran pregunta es si el Papa podrá cumplir con su agenda. Según trascendió, la gira de 11 días prevista desde el 6 de noviembre lo llevará a Uruguay, Argentina y Perú, país donde trabajó como misionero durante dos décadas. Fernández Viña fue claro: «Clínicamente, biológicamente, está en condiciones de viajar». Estimó que se recuperará en una o dos semanas y destacó la importancia de la actitud del paciente. «Se percibe que es un tipo fuerte, con una actitud positiva en la vida», señaló.
La duda, aclaró, ya no es médica, sino de exigencia física: jornadas extensas, homilías, actividades y muchas horas de pie. «Deja de ser un problema de la medicina. La medicina ya cumplió su función», resumió. A partir de allí, la decisión quedará en manos de la Iglesia y de los organizadores del viaje.
Una vida dedicada a la inmunología
Fernández Viña repasó su recorrido como investigador. Contó que trabajó junto a John Minna en el Instituto Nacional del Cáncer de Bethesda, en Estados Unidos, y en el Instituto de Tumores de Milán, y que durante diez años participó en las reuniones de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer. Su objetivo siempre fue encontrar un anticuerpo capaz de combatir los tumores. Para eso armó un banco de muestras de tumores operados, conservadas a muy baja temperatura gracias a la provisión de una empresa de gases de San Nicolás.
Aunque ese anticuerpo todavía no se encontró, se mostró optimista: «Se va a resolver». Definió al tumor como «una caricatura del cuerpo», que en sus charlas comparaba con un hijo con trastornos genéticos: «Es tu hijo y, como es tu hijo, vos lo aceptás». Así explicaba por qué el organismo no siempre logra rechazarlo.

El estrés y la epigenética
Para el especialista, uno de los principales factores de enfermedad hoy es el estrés crónico. Explicó que el ADN determina el comportamiento de cada célula, pero existe una conexión con el exterior, la epigenética, sobre la que influyen el ambiente, las emociones y la alimentación. Con el tiempo, esos factores alteran la estructura del ADN hasta que el organismo deja de poder repararla y aparece el cáncer. «Si vivís muy estresado, si te alimentás mal, si no hacés gimnasia, si no mantenés lazos afectivos sólidos, todo eso altera la epigenética», advirtió.
También relacionó la situación económica con la salud. Mencionó que atiende a personas que perdieron su trabajo tras muchos años y aseguró que hoy ve muchos más cuadros psicosomáticos que antes. Según dijo, observa ocho veces más problemas de tiroides que hace 30 años.
La IA no reemplaza la conversación
Sobre la inteligencia artificial, recordó un congreso en Taiwán en el que se concluyó que la medicina conserva algo que la tecnología no puede reemplazar: el manejo de las emociones. «La parte más importante de la consulta es la comunicación», afirmó. La IA puede indicar un diagnóstico o un tratamiento, pero no contener al paciente ni responder sus angustias. A su entender, será una herramienta útil para ganar tiempo, especialmente en estadísticas y trámites.
Para el cierre, propuso cinco claves para vivir mejor: mantener vínculos afectivos sólidos, cuidar la microbiota, a la que definió como «el segundo cerebro», realizar actividad física, moderar el consumo de azúcar y harinas, y tener un proyecto creativo. «Hay que aprender a vivir», concluyó.


