Jacqueline Rivadeneira, Trinidad Olocco y las hermanas Florencia y Gimena Moraga se sentaron en San Nicolás Debate para contar cómo construyeron sus proyectos desde cero, qué aprendieron de los golpes del camino y por qué la pasión, la comunidad y el contacto humano son la verdadera diferencia entre un negocio y una marca.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el programa le dio la palabra a cuatro referentes del emprendedorismo local: Jacqueline Rivadeneira, fundadora de Casa Lab; Trinidad Olocco, creadora de Mucha Muchacha; y las hermanas Florencia y Gimena Moraga, fundadoras de Flor de Tentaciones. Cuatro historias distintas en sus orígenes, sus rubros y sus recorridos, pero atravesadas por denominadores comunes que emergieron con naturalidad a lo largo del diálogo: la pasión como motor, la comunidad como valor diferencial, el contacto humano como ventaja competitiva y la resiliencia como condición indispensable para seguir adelante cuando el camino se pone cuesta arriba.
Cuatro orígenes, cuatro historias
Trinidad Olocco terminó el último año de la facultad de diseño de indumentaria sin un plan demasiado claro y empezó a probar. Veinte años después, Mucha Muchacha es una marca consolidada con venta online en todo el país, clientas que viajan desde Rosario o Buenos Aires para conocer el local y una identidad muy definida: prendas clásicas con detalles que las hacen únicas, pensadas para una mujer que trabaja, emprende y quiere sentirse cómoda y linda al mismo tiempo. «No proyecté mucho. Se fue dando solo», admitió con la honestidad de quien ya no necesita embellecer su historia.
Jacqueline Rivadeneira fundó Casa Lab hace cuatro años a partir de una necesidad propia: un espacio de trabajo flexible que no implicara los costos y la carga mental de alquilar una oficina. Partió de la premisa de que si ella lo necesitaba, otros también. Lo que empezó como un coworking fue creciendo hasta convertirse en un ecosistema de servicios para emprendedores, profesionales y empresas. «Fuimos creando un contexto, una experiencia, todo para quien necesita un espacio para trabajar sin tener que ocuparse de la luz, el mobiliario o los gastos fijos», describió.
Florencia y Gimena Moraga empezaron en pandemia, hace seis años, sin que la idea existiera de antemano. El encierro las obligó a reinventarse: Florencia, chef y pastelera de formación, puso el conocimiento; Gimena, el perfil administrativo. Arrancaron vendiendo postres y hoy tienen una pastelería con local propio en pleno centro de San Nicolás, reconocida por la calidad de sus productos y por haber sabido captar el auge de la cafetería de especialidad que vive la ciudad. «Llegamos a donde estamos hoy», resumió Gimena con una sonrisa que decía más que cualquier descripción.
Los golpes que enseñan
Schubert les preguntó por los fracasos que más les habían enseñado y las respuestas fueron reveladoras, no tanto por lo que dijeron sino por cómo lo dijeron. Trinidad rechazó el término «fracaso» y lo reemplazó por «prueba»: la pandemia fue un punto de inflexión, la decisión de pasar del mayorista al minorista fue otra, la apertura de la tienda online también. «Uno constantemente está probando, evaluando y redireccionando. No creo haber aprendido de un fracaso puntual, sino de un proceso continuo», señaló.
Jacqueline coincidió: los errores son alertas que invitan a buscar la mirada de un profesional, a ser más cautelosa, a tomar mejores decisiones. No son finales sino inflexiones.
El testimonio más conmovedor de la noche llegó de las hermanas Moraga. El golpe más fuerte de sus seis años de emprendimiento no fue económico ni comercial: fue la pérdida de su madre. «En un momento así uno dice: ¿qué hacemos? ¿Dejamos todo o seguimos?», recordó Florencia. Eligieron seguir, en parte por ella. «Creo que hoy estamos acá también gracias a ella», dijo. Ese momento fue también el que más las unió como socias y como hermanas. «Nos levantamos, nos unimos y seguimos con todo», agregó Gimena, describiendo cómo ese dolor compartido se convirtió en el cemento más resistente de su sociedad.
El contexto económico: cada una lo vive diferente
Sobre el impacto de la situación económica actual en sus negocios, las respuestas fueron distintas según el rubro, lo que ofreció una radiografía interesante del tejido emprendedor local.
Trinidad reconoció que el consumo cambió y que ese cambio la llevó a redireccionarse: menos producción masiva, más atención al perfil específico de su clienta y al valor que percibe en el producto. «No es solo la apertura de importaciones, es un cambio en el consumo que se viene dando hace años y que va a seguir», analizó.
Jacqueline, en cambio, señaló que el contexto le resulta en cierto punto favorable: la incertidumbre económica hace que cada vez más profesionales y emprendedores elijan el coworking frente a los costos y responsabilidades de alquilar un espacio propio. «Hay muchos a quienes les conviene alquilar por horas o días y no cargar con gastos fijos», explicó.
Florencia y Gimena fueron las más optimistas: la gastronomía está creciendo en San Nicolás, el auge de la cafetería de especialidad las encontró bien posicionadas y la ubicación de su local en el corazón de la ciudad —una ciudad que recibe cada vez más turistas— es una ventaja que supieron aprovechar. «Estamos creciendo un montón», sintetizó Gimena.
Redes, comunidad y la defensa del contacto humano
El debate sobre redes sociales y marketing fue uno de los tramos más ricos del programa. Las cuatro coincidieron en que la presencia digital es indispensable, pero matizaron con fuerza lo que la hace realmente efectiva: no es el volumen de contenido sino la autenticidad de quien está detrás.
Trinidad, activa en redes desde antes de que fueran lo que son hoy, describió cómo atravesó todas las transformaciones tecnológicas del sector y aprendió que lo que genera comunidad es mostrarse tal cual es. Jacqueline añadió que el diferencial no está en publicar productos sino en contar quién está detrás del proyecto, con qué valores y con qué historia. Y las hermanas Moraga contaron una experiencia reveladora: cuando Jimena se fue de vacaciones y Florencia tomó las redes con su propia voz y su propio estilo, el engagement explotó. «La gente ve el detrás. Para mí que vean que están las dueñas atrás es superimportante», subrayó Jimena.
Las cuatro coincidieron en un punto que tomó fuerza al final del bloque: en un mundo hiperconectado donde los chatbots responden mensajes y los algoritmos dominan la comunicación, el contacto humano genuino se volvió escaso y por eso se volvió valioso. «En mi caso no quiero que se pierda el contacto humano. Detrás de algo digital hay una persona», afirmó Jacqueline. Una paradoja de la era digital que las cuatro decidieron resolver del mismo lado.


