El economista y fundador de Invecq Consulting SA analizó en profundidad la situación macroeconómica del país, la heterogeneidad sectorial, el mercado laboral y los desafíos del modelo de estabilización que impulsa el gobierno de Javier Milei. Una mirada rigurosa sobre una Argentina que, según sus palabras, no crece hace 15 años.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, el programa producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el economista Esteban Domecq —fundador y director de Invecq Consulting SA, licenciado en Economía por la UBA y magíster en Finanzas y en Economía por la Universidad del CEMA— ofreció un análisis exhaustivo de la coyuntura económica argentina. Con la precisión de quien sigue de cerca los datos y los ciclos macroeconómicos, Domecq trazó un mapa detallado de una economía que, en sus propias palabras, «avanza a distintas velocidades» y que carga sobre sus espaldas 15 años de estancamiento estructural.
Una economía en meseta con sectores que van a contramano
Para situar el análisis, Domecq comenzó repasando el historial reciente de la actividad económica. «La economía argentina desde hace 15 años padece un cuadro de estancamiento estructural, sobre el cual hemos vivido seis episodios recesivos», señaló. Recordó que la recuperación pospandémica 2020-2021 se agotó a mediados de 2022, cuando la economía comenzó a caer hasta el segundo trimestre de 2024. A partir de allí, con el gobierno de Milei, se inició una recuperación que calificó como «bastante vigorosa» durante casi cuatro trimestres, pero que luego fue perdiendo impulso.
El dato más revelador llegó cuando abrió los números por sector. «El año 2025 terminó replicando prácticamente el mismo nivel de actividad que el año 2022, pero cuando uno abre los distintos sectores, encuentra una realidad muy heterogénea», explicó. Mientras la industria cerró un 10% por debajo de aquel año de referencia, la construcción cayó un 13% y el comercio un 3%, otros bloques mostraron un desempeño opuesto: el agro creció un 7%, minería, petróleo y gas avanzaron un 25%, hotelería y gastronomía casi un 20% y el sector financiero un 15%. «Da cuenta de una economía quebrada, que avanza a distintas velocidades», sintetizó Domecq.
Esta brecha entre sectores, lejos de ser un detalle estadístico, tiene consecuencias directas sobre el empleo, el consumo y la percepción cotidiana de la situación económica. Los sectores más dinámicos —energía, minería, agro— son intensivos en capital y volcados al mercado externo. Los que generan más empleo —industria, construcción, comercio— son los que están estancados o en retroceso.
El mercado laboral: daño real pero sin colapso
Schubert planteó la pregunta inevitable: si los sectores más empleadores están golpeados, ¿qué queda para los trabajadores? Domecq respondió con matices. La tasa de desocupación al cuarto trimestre de 2024 fue de 7,5%, frente al 6,4% del mismo período del año anterior. Un deterioro, sí, pero no una crisis sistémica. «No se está viendo un mercado laboral que esté ajustando con una destrucción neta masiva de empleos», aclaró.
La explicación está en la estructura del empleo argentino. De los casi 22 millones de personas que trabajan en el país, apenas el 13 o 14% lo hacen en bloques industriales —unas 2,5 millones de personas—. El grueso, el 70%, está vinculado a servicios: comercio, salud, educación, finanzas, sector público. «Esos sectores no transables, no afectados por la apertura, están operando como amortiguadores», señaló Domecq. A eso se suma la expansión del empleo independiente, los monotributistas y los informales, que han contenido la suba del desempleo.
Pero hay una advertencia histórica que el economista no dejó pasar. «Cuando uno analiza la evidencia empírica de los países que atravesaron procesos de estabilización —Chile, Uruguay, Brasil, Israel—, en todos observa que el mercado laboral sufre un daño transitorio», dijo. En esos casos, la tasa de desocupación sube en los primeros dos años y luego, hacia el tercer o quinto año, ya está por debajo del punto de partida. «Es un fenómeno transitorio, porque el mercado laboral no tiene la flexibilidad para readaptarse rápidamente al cambio del modelo económico», explicó.
La plata no alcanza: el mercado interno y la crisis de poder adquisitivo
Si el desempleo no es catastrófico, ¿por qué el mercado interno está trabado y el malestar social crece? Domecq fue directo: «Porque esto sigue siendo una crisis de poder adquisitivo. Argentina atraviesa desde hace muchos años un problema de inflación y como es de inflación es de poder adquisitivo. Ahí está el concepto de «la plata no alcanza» y eso es una realidad.»
A esa erosión del ingreso se sumó, durante los últimos ocho meses, el efecto del apretón monetario: tasas de interés elevadas que contrajeron el crédito y enfriaron aún más el consumo. «El crédito puede ser un acelerador del mercado interno y eso explica por qué desde hace varios meses le viene costando bastante», señaló. Con todo, Domecq ve en la normalización de las tasas una señal de alivio posible.
El debate sobre política industrial: primero la macro
Uno de los pasajes más ricos de la entrevista fue el intercambio sobre política industrial. Schubert planteó que el gobierno de Milei parece no contar con un plan de desarrollo para el sector, y que la apertura de la economía resultó violenta para una industria que venía de años de protección. Domecq no esquivó el punto: «Es un planteo válido», reconoció, aunque luego lo encuadró en un análisis más amplio.
Para el economista, la Argentina agotó su modelo de crecimiento basado en el impulso al consumo y el bombeo fiscal. «Argentina desde hace 20 años venía motorizando la fase expansiva con ese esquema y hoy no tiene cómo financiar esos ciclos expansivos. Por eso esta economía no crece hace 15 años y la pobreza crece», argumentó. En ese contexto, el giro hacia un modelo liderado por exportaciones e inversión no sería una elección ideológica sino una necesidad impuesta por la falta de alternativas.
Domecq describió el proceso de normalización macroeconómica como una carrera de tres andariveles simultáneos. El primero es el programa de estabilización —erradicar la inflación, ordenar el tipo de cambio, equilibrar las cuentas fiscales—. El segundo es la agenda de reformas estructurales para reducir el «costo argentino»: regulatorio, laboral, impositivo. El tercero es la integración y apertura de la economía para ganar mercados externos. «Estos tres andariveles tienen que estar bien secuenciados», advirtió. «Si me abrís rápido, me reformás lento y encima en algunas provincias me aumentan la presión tributaria, eso genera tensiones en la micro.»
Fue en este punto donde recurrió a una metáfora que resumió su postura con claridad: «Yo soy el capitán del Titanic. Lo que pasa en cada camarote es cosa de ustedes. Déjenme sacar el Titanic de abajo del agua. Después vemos cómo empezamos a subir a los que quedaron en el agua.»
Su conclusión fue que el debate sobre el norte —hacia dónde va la Argentina— está prácticamente saldado, porque ya no hay más espacio para otra cosa que hacer las cosas bien. Lo que queda abierto es el debate sobre el cómo: «Cómo se hace la mejor transición posible para minimizar el daño, maximizar el beneficio y que todo sea lo más llevadero y socialmente digerible posible. Ahí sí creo que hay un desafío», cerró Domecq.


