El advisor corporativo de JD Capital analizó en San Nicolás Debate la economía en K, la baja de tasas, el dato de inflación de abril y los flujos de dólares que explican el optimismo del gobierno para el segundo semestre. También compartió su menú de inversión para un perfil conservador en un contexto de tasas en pesos negativas.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el advisor corporativo de JD Capital Marcelo Lanche Bode ofreció un análisis preciso y matizado de la coyuntura económica argentina. Con el dato de inflación de abril recién publicado —2,6%, con alimentos al 1,5%— como telón de fondo, Lanche Bode repasó la dualidad sectorial que caracteriza al modelo actual, el impacto de la baja de tasas sobre el crédito, el horizonte del segundo semestre y las oportunidades de inversión disponibles para un perfil conservador en un mercado donde los instrumentos en pesos rinden por debajo de la inflación.
La economía en K: crecimiento para algunos, rezago para otros
Marcelo Lanche Bode abrió el análisis con un concepto que viene ganando terreno entre los economistas para describir la situación actual: el crecimiento en K. La imagen es elocuente: hay sectores que van decididamente para arriba —minería, energía, agro, industria financiera— y hay otros que están más cerca del piso que de la recuperación —construcción, comercio minorista, industria manufacturera—. «El PBI volvió a tocar ese techo que venimos teniendo desde hace 11 años, pero son los sectores capital intensivos los que lo explican», señaló.
El problema de fondo, según su diagnóstico, es que los sectores que crecen son intensivos en capital y no en mano de obra. De ahí la paradoja que muchos sienten en la vida cotidiana: la macroeconomía luce ordenada, el PBI crece, pero el malestar persiste porque los sectores que generan empleo masivo no están traccionando. «Esa sensación rara de ver una macroeconomía en crecimiento con cierto malestar en la gente tiene ahí su explicación», sintetizó.
Acompañó el análisis con una anécdota de su trabajo con pymes que resultó iluminadora. Un cliente suyo del sector construcción —rubro golpeado por el modelo— le sorprendió al decirle que estaba mejor que muchos de sus competidores. La razón: en la época de vacas gordas eligió invertir en su empresa mientras otros compraban propiedades. «Hoy estoy pudiendo y ellos están con dificultades», le dijo el empresario. Una lección de gestión que Lanche Bode tradujo en términos más amplios: la heterogeneidad del sector es tan grande que los promedios dicen poco.
El dato de inflación de abril y lo que viene
El día de la entrevista salió el IPC de abril: 2,6%, con alimentos creciendo solo 1,5%. Lanche Bode lo evaluó como una señal positiva, aunque con matices. Dos factores explicaron el buen dato: los precios estacionales no subieron y los combustibles permanecieron artificialmente contenidos. Sobre esto último fue directo: «Pan para hoy y hambre para mañana. En algún momento van a subir.» El gobierno ya anunció que el ajuste posterior al congelamiento será del 1%, lo que no alcanza para compensar el alza internacional del petróleo producto del conflicto bélico. «Hay una inflación escondida bajo la alfombra todavía», advirtió.
Su proyección para el resto del año es que al gobierno le resultará difícil perforar el piso del 2% mensual que se instaló el año pasado, pero que estar en esa zona es significativamente mejor que el 3,5% de meses anteriores. «Es un alivio», reconoció. Y señaló que la mejora en el poder adquisitivo debería sentirse gradualmente: a medida que la inflación baja, las paritarias se acomodan y las familias empiezan a recuperar algo de aire.
Por qué bajaron las tasas y qué significa para el crédito
Uno de los temas centrales de la entrevista fue la baja de tasas de interés, que pasaron de niveles cercanos al 80% en los peores momentos del año electoral a la zona del 20-22% actual. Lanche explicó la lógica del ciclo completo: después de las elecciones legislativas provinciales, cuando el mercado se asustó y el dólar tocó el techo de la banda cambiaria, el Banco Central dejó trepar las tasas para defender la divisa y frenar la corrida. El resultado fue el cierre virtual del crédito. «Estuvimos varios meses con el crédito prácticamente cerrado. No hay ningún proyecto de inversión que pueda soportar tasas del 80%», afirmó.
Recuperada la estabilidad tras las elecciones nacionales, el gobierno inició una flexibilización gradual que hoy se traduce en tasas más razonables, aumento del crédito y algo de alivio tanto para las empresas como para las familias. «No hay economía que funcione sin crédito», señaló Lanche Bode, quien ve en este cambio una de las palancas más importantes para la reactivación de los sectores rezagados. El costo de esta decisión, reconoció, es que el proceso de desinflación será más lento. «Si ese es el precio para que haya cierta reactivación en los sectores que están abajo, bienvenido», evaluó.
El segundo semestre: dólares que entran y presiones que se acumulan
Consultado sobre el optimismo del ministro Caputo, Lanche fue preciso: en lo que queda de 2025, tiende a coincidir. Los argumentos son concretos. Hay más de 3.000 millones de dólares en obligaciones negociables emitidas por empresas y provincias en el exterior que todavía no ingresaron al país. Vaca Muerta sigue generando un flujo creciente de divisas. Y el campo está en plena cosecha, con la soja apenas iniciando su proceso de liquidación —apenas un 10% de lo cosechado—, lo que implica que el grueso del ingreso de dólares agrícolas está por venir. Con compras del Banco Central cercanas a los 140 millones de dólares en un solo día al momento de la entrevista, las reservas acumulan cerca de 8.000 millones de dólares en lo que va del año.
El segundo semestre, sin embargo, traerá presiones. La demanda de dólares aumentará con las vacaciones de invierno, las importaciones de gas y la probable reactivación del flujo importador. «Uno esperaría que el dólar empiece a reactivarse en el segundo semestre, pero con un Banco Central mucho más robusto porque está aprovechando estos meses de flujo positivo para engrosar las reservas», proyectó.
El menú para el inversor conservador
Al cierre, Lanche Bode ofreció su mirada sobre las opciones disponibles para un inversor de perfil conservador, partiendo de una realidad que pocos dicen con tanta claridad: hoy prácticamente todos los instrumentos en pesos rinden por debajo de la inflación. Los plazos fijos tienen tasa negativa. Las Lecap —letras a tasa fija del gobierno— están en tasas negativas. Las Lecer —atadas a inflación— con vencimiento hasta diciembre de 2025 también están en tasas negativas. Solo los instrumentos que vencen desde enero de 2027 en adelante ofrecen tasa real positiva.
En ese contexto, su recomendación pasa por las obligaciones negociables de empresas de primera y segunda línea, instrumentos en dólares a los que se puede acceder tanto en pesos como en dólares. Las empresas de mayor calidad crediticia —YPF, Vista, Pampa Energía, Central Puerto— ofrecen tasas de entre el 5 y el 6% anual en dólares. Para quien tolera un escalón más de riesgo, empresas como Pecom —la petrolera del grupo Pérez Companc— ofrecen retornos de entre 7,5 y 8%. «Para que una empresa de ese tamaño se funda, primero tiene que estar fundido el país», razonó Lanche Bode para dimensionar el riesgo real de esas inversiones.
Un optimismo con argumentos
Al final, Schubert le preguntó si era optimista con el futuro de Argentina. La respuesta fue honesta y fundamentada. Con 45 años y varios ciclos económicos a cuestas, Macelo Lanche dijo que tiende al optimismo no por ingenuidad sino porque hay argumentos concretos: la macro se está normalizando, el gobierno empieza a mostrar preocupación por la micro y si se logra llegar a las elecciones presidenciales del año que viene con un Banco Central robusto, el riesgo político no debería devastar las variables económicas. «Uno tiene que tener una política económica que pueda tolerar cualquier tipo de cambio de gobierno. Eso es lo democrático», cerró.


