Jacqueline Pesarini: «No alcanza con sentir que cobrás mal. Hay que demostrar el perjuicio concreto para que el juicio de reajuste prospere»

La abogada especialista en derecho previsional del estudio Manescalvo y Asociados explicó en San Nicolás Debate los pasos del reajuste previsional, por qué los juicios demoran varios años, el colapso de la Cámara Federal de Rosario y qué pasó con quienes aceptaron la reparación histórica.

En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el segmento previsional del programa contó con la presencia de Jacqueline Pesarini, abogada especialista en derecho previsional del estudio Manescalvo y Asociados —con oficinas en Urquiza 32, en el edificio de la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás—. Con la claridad pedagógica de quien trabaja todos los días con jubilados que llegan con dudas y expectativas no siempre bien calibradas, Pesarini explicó qué es realmente un reajuste previsional, cómo es el camino para iniciarlo y por qué no basta con sentir que se cobra poco.

Qué es el reajuste previsional y por dónde se empieza

El reajuste previsional es, en esencia, una revisión de cómo se determinó el haber jubilatorio de una persona y si ese haber fue actualizado correctamente a lo largo del tiempo. Pesarini fue clara desde el arranque: «No se puede decir «estoy cobrando mal» y ya. Puede que sí, puede que no, pero para saberlo hay que hacer una revisión completa de la historia laboral.»

Esa revisión implica varios pasos. Primero, determinar la fecha de jubilación, porque eso define qué ley es aplicable al caso. Segundo, analizar la historia laboral: si la persona trabajó en relación de dependencia, si fue aportante en el régimen de autónomos o ambas cosas. Tercero, verificar si las remuneraciones que ANSES tomó para calcular el haber fueron debidamente actualizadas, y si las rentas referenciales —en el caso de los autónomos— fueron correctamente consideradas. «Con ese análisis uno puede determinar si hay un perjuicio real», explicó.

La existencia de ese perjuicio concreto no es un detalle menor: es la prueba fundamental sobre la que se construye todo el reclamo. Si no hay perjuicio demostrable, el jubilado puede generar expectativas que no van a llegar a buen puerto. «Debemos encontrar cuál es el perjuicio antes de avanzar», insistió Pesarini, apuntando a la responsabilidad del profesional de no generar falsas esperanzas.

El camino: administrativo, judicial y ejecución de sentencia

El reajuste previsional tiene tres etapas bien diferenciadas. La primera es administrativa: se presenta el reclamo ante ANSES, se demuestra el perjuicio y se espera la respuesta del organismo. La postura de ANSES es casi siempre la misma: sostiene que el cálculo del haber fue correcto. Con esa denegatoria en mano, se habilita la segunda etapa: la judicial.

La etapa judicial tiene primera instancia y segunda instancia, porque ANSES apela sistemáticamente todas las sentencias de primera instancia, sin excepción. Eso desencadena el tercer problema: la Cámara Federal de Rosario, que tiene jurisdicción sobre los juzgados federales de San Nicolás, Pergamino, Cañada de Gómez, Rafaela y otros, está colapsada. «Tiene una demora de casi más de dos años en este momento», señaló Pesarini, describiendo un cuello de botella que no tiene solución a la vista mientras ANSES siga con la política de apelar todo.

Una vez que hay sentencia firme, llega la tercera etapa: la ejecución. Y ahí aparece otra complicación frecuente: que la liquidación que hace ANSES no coincide con lo que dice la sentencia. «La actividad del profesional no termina con la sentencia. Hay que controlar esa liquidación y, de no ser conforme a lo ordenado, impugnarla a través de un incidente de ejecución de sentencia», explicó. El camino es largo, pero para quien tiene un perjuicio real y documentado, el resultado puede ser significativo.

¿Quién puede iniciar un reajuste? Relación de dependencia, autónomos y monotributistas

La posibilidad de iniciar un reajuste no está limitada a un tipo particular de trabajador. Quienes trabajaron en relación de dependencia pueden solicitar la revisión de si sus remuneraciones fueron correctamente actualizadas para determinar el haber. Los autónomos también tienen esa opción: en su caso, el análisis se centra en las rentas referenciales que ANSES consideró y si estas fueron debidamente actualizadas. «No solamente hay que ver si ANSES tomó toda su historia laboral como autónomo, sino si esas rentas referenciales fueron actualizadas correctamente», señaló Pesarini.

La situación es distinta para los monotributistas. El régimen del monotributo es especial y no es equiparable al de los autónomos: las posibilidades de reajuste en esos casos son significativamente menores, especialmente para quienes aportaron en las categorías mínimas. «El monotributista ya está bastante afuera de esta posibilidad», dijo con claridad.

La reparación histórica: quien la aceptó renunció al reajuste

Un punto que generó particular atención fue el de la reparación histórica, el programa lanzado durante la gestión de Macri que permitió a muchos jubilados acceder a un reconocimiento de haberes en condiciones especiales. Pesarini fue terminante: quienes suscribieron la aceptación de la reparación histórica, al hacerlo, renunciaron expresamente a iniciar un juicio de reajuste previsional. «Esa era la condición. Quien aceptó la reparación histórica no puede después pedir un reajuste», dijo. Hoy ese programa ya no existe, pero sus consecuencias jurídicas siguen vigentes para quienes lo aceptaron.

El mensaje final: consultar antes de crear expectativas

Al cierre, Pesarini resumió su recomendación en una idea simple pero importante: ningún jubilado debería quedarse con la duda ni tomar decisiones basadas en rumores o en lo que le dijeron vecinos o conocidos. Cada caso es diferente y la única manera de saber si hay un perjuicio real es que un profesional especializado analice la historia laboral específica. «No se quede con la duda. Consulte a un profesional para que haga un análisis del caso concreto y determine si hay un perjuicio. Porque ese perjuicio es lo que hace que una sentencia sea favorable y que tengamos un resultado exitoso», cerró.

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