El ex senador nacional y autor de la cláusula constitucional sobre Malvinas analizó en San Nicolás Debate el reclamo de soberanía, el rol de Trump en la ecuación geopolítica, la situación judicial de Cristina Kirchner y el estado de un peronismo que, en su visión, fue colonizado por el kirchnerismo y nunca logró reconstruir su identidad.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue el doctor Eduardo Menem —abogado, ex senador nacional por La Rioja, hermano del ex presidente Carlos Saúl Menem y padre del actual presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem—. Con 87 años y una trayectoria que incluye haber sido uno de los constituyentes más influyentes de la reforma de 1994, Menem ofreció una mirada que combina la experiencia histórica con posiciones claras sobre la coyuntura política actual.
Malvinas: el autor de la cláusula constitucional apoya el discurso de Milei
El primer tema fue el anuncio del presidente Milei sobre el reclamo de soberanía de las Islas Malvinas, que tomó relevancia internacional en el contexto del distanciamiento de Trump respecto al gobierno laborista británico. Menem tiene una relación personal y jurídica muy particular con este tema: fue él quien propuso y redactó la disposición transitoria primera de la Constitución reformada en 1994, la cláusula que establece como política de Estado la recuperación de las islas por vías pacíficas y diplomáticas, y que fue aprobada por unanimidad en la Convención Constituyente.
Desde esa perspectiva, evaluó el discurso presidencial positivamente: «Me parece muy bien porque se ha mantenido dentro de esa cláusula. No se hacen amenazas de uso de fuerza y se deja bien claro que, cuando se produzca la devolución, se respetará el modo de vida de los isleños», señaló. Pero hizo una distinción conceptual que consideró importante: no se trata de respetar los «derechos» de los isleños sino sus «intereses» como pobladores. «Los únicos que tienen derechos sobre las islas es la República Argentina», afirmó con la precisión del jurista.
Sobre la posición del Reino Unido, fue directo: los ingleses son reacios a sentarse a negociar porque saben que no tienen ningún antecedente valedero para sostener su ocupación desde 1833. «Tomaron la isla por asalto y no tienen fundamentos», resumió. Por eso la Cláusula Transitoria Primera establece que la vía es el diálogo en el marco del derecho internacional, el único camino que la Argentina debe —y puede— transitar.

Trump y Malvinas: apoyo bienvenido, motivaciones diversas
Sobre el respaldo de Trump a la causa argentina y su distanciamiento de Gran Bretaña, Menem fue matizado en su lectura. Reconoció que todo apoyo exterior es valioso, pero señaló que cada país actúa según sus propios intereses. En el caso de Estados Unidos, la motivación que identificó es doble: por un lado, la afinidad personal entre Trump y Milei; por otro, la utilización del tema Malvinas como palanca para presionar a los británicos en el contexto de la guerra en el Estrecho de Hormuz, donde Trump quiere que Gran Bretaña colabore más. «Lo usa para apretar a los ingleses para que colaboren en un tema que no tiene nada que ver con Malvinas», señaló con la franqueza de quien conoce cómo funciona la política internacional. El apoyo es real, pero conviene entender sus fundamentos para no sobrestimarlo.
El kirchnerismo no es peronismo: la distinción que Menem no abandona
Al analizar la situación política argentina de cara a 2027, Menem fue preciso en una distinción que considera fundamental y que reitera desde hace años: el kirchnerismo no es peronismo. Cuando Kirchner tomó el poder, señaló, colonizó al Partido Justicialista y comenzó a hablar de Frente para la Victoria, Frente de Todos, Unión por la Patria. «Son expresiones que demuestran que no tienen interés en asemejarse al peronismo sino en distinguirse», dijo.
Y describió un patrón de comportamiento en las internas que repite esta lógica: cuando Kirchner quiso ser presidente del partido y alguien se presentó a enfrentarlo, le bajaron la candidatura. Lo mismo ocurrió recientemente con Quintela en La Rioja. «Se manejan con el uso de algún juez favorable o haciendo cosas que no se deben para ganar una interna», señaló, contraponiendo ese manejo con lo que fue la interna de 1988 entre su hermano Carlos Menem y Antonio Cafiero: una elección con voto directo de afiliados en todo el país como distrito único. «Esa fue una expresión auténtica del peronismo», afirmó.
Cristina Kirchner: una política presa, no una presa política
Uno de los momentos más nítidos de la entrevista fue la respuesta de Menem sobre Cristina Kirchner, cuya condena judicial es presentada por sus seguidores como una persecución política. Su respuesta fue una distinción semántica que en pocas palabras resume una posición: «Es una política presa, no una presa política.» Es decir: es una política a la que la justicia encontró irregularidades en su conducta, no alguien encarcelado por razones políticas.
Aclaró que no se pronuncia sobre la culpabilidad ni sobre los detalles de la causa porque no es juez y no conoce el expediente en profundidad. Pero sí señaló evidencias que, a su juicio, hablan por sí solas: el caso de Lázaro Báez, un cajero bancario patagónico que se convirtió de la noche a la mañana en uno de los constructores más poderosos del país. «Hay un manejo por lo menos desprolijo. Y eso demuestra una gestión irresponsable del Estado», dijo. Y evaluó que el caudal electoral de Cristina difícilmente recupere los niveles que alguna vez tuvo, más allá de si la justicia admite o no una eventual candidatura.
El balance del kirchnerismo y la recuperación bajo Milei
Al comparar la situación del país entre el final del gobierno de Alberto Fernández y Kicillof y el momento actual, Menem fue contundente: la pobreza pasó del 50 y pico por ciento a poco más del 20 por ciento. «Eso nomás ya demuestra el fracaso de ese gobierno», dijo, señalando que la mejora de ese indicador en tan poco tiempo habla de lo profundo del deterioro que se heredó. «Un país que lo dejaron quebrado siempre va a tener más problemas que otro que lo dejaron en estado normal», señaló, equilibrando el reconocimiento de los avances con la conciencia de los desafíos que todavía quedan por resolver.
Sobre el adelantamiento electoral, fue pragmático: si se usa el tiempo para que los candidatos exhiban ideas y planes concretos, puede ser útil. Si no, es un ejercicio vacío. «Si se va a una lucha electoral sin tener planes previos sobre lo que se va a hacer en el país, eso no es muy saludable», advirtió, poniendo el acento en la calidad del debate político antes que en su timing.


