El presidente del Centro de Veteranos de Malvinas de San Nicolás, tripulante del destructor Piedrabuena en el momento del hundimiento del Belgrano, visitó San Nicolás Debate para contar su historia de primera mano y ofrecer una mirada escéptica y sin anestesia sobre el anuncio del presidente Milei sobre la soberanía de las islas.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Luis Feldmann —veterano de la Guerra de Malvinas, marino de la Armada Argentina, tripulante del destructor ARA Piedrabuena durante el conflicto de 1982 y presidente del Centro de Veteranos de Malvinas de San Nicolás de los Arroyos—. Su testimonio combinó la memoria de quien estuvo en el mar cuando se hundió el Belgrano con una opinión política directa y sin concesiones sobre lo que significa hoy el tema Malvinas en la agenda del gobierno nacional.
Entró a la Marina a los 15 años: el conflicto lo encontró en el Piedrabuena
Feldmann ingresó a la Armada Argentina a los 15 años. Cuando el conflicto del Atlántico Sur se desencadenó en 1982, ya llevaba seis años de carrera naval y estaba embarcado en el destructor ARA Piedrabuena. La hipótesis que todos manejaban en ese momento era Chile —el preconflicto del canal de Beagle en 1978 había dejado su marca— y Malvinas no estaba en el horizonte de nadie. «Recién nos enteramos el primero de abril a la noche. Algo veíamos raro porque al volver a la base vimos mucha gente del ejército, cosa que en seis años de Marina nunca me había pasado», recordó.
La arenga del comandante Guzer por las comunicaciones del barco fue el momento en que todo se definió: iban a recuperar parte del territorio argentino. «Al principio lo tomamos con mucha alegría. Desde chicos en la escuela nos habían hablado de las hermanitas perdidas. La arenga fue revitalizadora», dijo. La gravedad del asunto fue haciéndose carne con el correr de los días.
El hundimiento del Belgrano: escolta, rescate y 770 sobrevivientes
El 2 de mayo de 1982 marcó un punto de quiebre irreversible. El Piedrabuena era uno de los dos destructores escolta del crucero ARA General Belgrano —junto al ARA Bouchard—, formando parte de un grupo de tarea que también incluía un petrolero apostado en Isla de los Estados. El Belgrano llevaba 1.093 tripulantes; el Piedrabuena, 277. La desproporción en tamaño era enorme. Y cuando el crucero fue torpedeado por el submarino nuclear británico HMS Conqueror, el Piedrabuena se convirtió en unidad de rescate.
«Fue uno de los rescates más importantes en la historia de la guerra naval. Se pudieron rescatar 770 sobrevivientes», señaló Feldmann, con la precisión del testigo directo. Ese operativo de salvataje, desarrollado en condiciones extremas en el Atlántico Sur en pleno invierno austral, modificó posteriormente los protocolos de rescate naval a nivel mundial. «Hoy se estudia en el mundo entero, no solo la parte naval sino la militar y la aérea», dijo.

El regreso: los loquitos de la guerra
La memoria del regreso fue dolorosa. Feldmann es porteño pero vive en San Nicolás desde hace treinta años. En Buenos Aires, la reinserción fue particularmente dura: «Éramos los loquitos de la guerra. Conseguir trabajo costó muchísimo. Mis compañeros de acá tuvieron la suerte de entrar en Somisa; en Buenos Aires fue otra historia.»
De esa experiencia de exclusión nació la primera federación de veteranos, de la que Feldmann formó parte desde el inicio. Una lucha por derechos que —señala con amargura— no terminó en 1982 sino que continúa hasta hoy. «Empezó la otra guerra. Y esta es peor porque es contra los propios», dijo, describiendo décadas de reclamos por salud, medicación, reconocimiento y condiciones dignas de vida para quienes fueron al sur cuando el Estado los mandó.
«Humo»: el veredicto sobre el anuncio de Milei
Cuando Schubert le preguntó su opinión sobre el anuncio del presidente Milei respecto a las sanciones a empresas británicas que exploran petróleo en la plataforma continental argentina, Feldmann fue lapidario en una sola palabra: «Humo.» Y la desarrolló con argumentos que no admiten réplica fácil.
Recordó que el mismo presidente que hoy reivindica Malvinas fue durante años quien profesó admiración por Winston Churchill y Margaret Thatcher —la premier que ordenó hundir el Belgrano con 323 muertos—. Recordó que en tres años de gobierno no hubo ninguna acción concreta en beneficio de los veteranos: la medicación conquistada con años de lucha les sigue siendo recortada, el sistema de salud para los combatientes se deteriora. «No fue nadie nos regaló nada. Todo lo que logramos fue a pelea», señaló.
Sobre el eventual apoyo de Trump, fue igualmente escéptico. Trump no hizo un anuncio formal del gobierno de Estados Unidos sino un comentario en un contexto específico —la presión por el conflicto en el Estrecho de Hormuz—. «Trump dijo: cuando yo quise apoyo, ustedes se abrieron. Ahora yo te regalo Malvinas y mañana te la saco», parafraseó con ironía. El petróleo, señaló, siempre estuvo en el centro de todo. «Yo decía hace años que no les alcanzó con la sangre roja de nuestros compañeros. Ahora vienen por la sangre negra», graficó, recordando las ocho plataformas petroleras británicas operando sobre la plataforma continental argentina.
La causa que une, el discurso que divide
Feldmann fue claro en por qué el tema Malvinas siempre resurge como herramienta política: «Es la única causa que nos une. Ahí nos abrazamos el de Boca con el de River, no importa la camiseta ni el partido.» Y por eso mismo desconfía de cuando los políticos la utilizan coyunturalmente. Recordó que Menem también dijo que iba a recuperar las islas y terminó ganando las elecciones. «Es el mismo verso. La causa Malvinas es genuina, pero el uso político que se hace de ella no siempre lo es», señaló.
Su mirada sobre el gobierno actual fue dura en el plano de la micro: «La macro le cierra los números, pero los viejitos que se suicidan, los jubilados contra los que se usa represión, una nieta con discapacidad peleando para tener el apoyo que le corresponde, los veteranos que seguimos peleando por la medicación que nos sacaron. Esos números no cierran», dijo.
Cerró con una frase que resume su posición con la economía de las palabras que el sufrimiento enseña: «Esta segunda guerra es peor, porque es contra los propios. Y con 60 y pico años, seguimos peleando.»


