El fotógrafo, docente y emprendedor nicoleño con más de 25 años de trayectoria analizó en San Nicolás Debate la transformación radical de su profesión, el impacto de la inteligencia artificial en la imagen, el congreso que reúne a 480 fotógrafos de toda Latinoamérica en San Nicolás y su consejo para quien quiere emprender: encarar y rodearse de buena gente.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el invitado fue Mariano Abad —fotógrafo profesional, docente y emprendedor con más de 25 años de trayectoria en San Nicolás, figura clave de la comunidad audiovisual local y referente en la adaptación de la fotografía comercial a las nuevas tecnologías—. Con la energía de quien ama lo que hace y no para de actualizarse, Abad ofreció una conversación que recorrió la transformación de su profesión, el poder del equipo, la inteligencia artificial como herramienta real —no magia— y el congreso que convirtió a San Nicolás en capital latinoamericana de la fotografía.
De la foto al video: el giro que la pandemia aceleró
Abad abrió la conversación con una constatación que define su momento profesional: hoy sus clientes ya no le piden fotos, le piden video. «La foto la sacan ellos con los celulares. Yo me presenté como fotógrafo, pero hoy soy fotógrafo, videógrafo y asesor en imagen», dijo. Ese giro no fue abrupto sino acumulativo, y la pandemia lo aceleró de manera decisiva.

El motor del cambio es el comportamiento de los algoritmos: desde la pandemia, Instagram, TikTok y el resto de las plataformas privilegian el video por sobre la imagen fija. «Mirá tu Instagram: video, video, video. Los algoritmos cambiaron y el video explota», señaló. Y el video comercial exige mucho más que una buena cámara: ropa adecuada, dicción, presencia, coherencia de imagen. No hay Photoshop que tape lo que se nota en movimiento. «Es 100% imagen, de la cabeza a los pies», resumió.
La inteligencia artificial: herramienta real, no magia
Sobre la inteligencia artificial en su trabajo, Abad fue honesto en su evaluación: la usa, le sirve, pero no es la solución a todo. Tiene tres o cuatro aplicaciones activas para acortar procesos de edición y producción. Un cliente puede pedirle que cambie un elemento de una imagen usando IA y en muchos casos es posible. Pero hay niveles: los resultados de alta calidad requieren herramientas pagas y criterio profesional. «Mucha gente piensa que es magia. No es magia», dijo con la claridad de quien trabaja con eso todos los días.
También señaló algo que pocos dicen en voz alta: la ventana gratuita de las herramientas de IA se está achicando rápidamente. Lo que hoy da dos días de créditos gratuitos, el año que viene va a dar medio día. «Todas las empresas lo están diciendo: la muestra gratis se termina. Si querés seguir, pagá», señaló, describiendo un cambio de modelo que va a impactar en los costos operativos de cualquier profesional que dependa de estas herramientas.

El liderazgo del que menos sabe: paradoja y convicción
Al hablar de liderazgo y equipos —un tema que recorre su trayectoria de 25 años— Abad ofreció una definición que desafía el sentido común: «Un líder es el que menos sabe.» No porque la ignorancia sea una virtud, sino porque el buen liderazgo consiste en rodearse de personas que saben más que uno en distintas áreas y saber escucharlas. «Tengo gente en mi equipo que sabe mucho más que yo. Yo intento rodearme de gente que sepa más y escucho», explicó. Y lo ilustró con un ejemplo concreto: Milly, quien edita video en su equipo, le enseña técnicas que él no domina. Esa disposición al aprendizaje interno es, a su juicio, la marca de un buen líder.
Sobre el ego —ese compañero inevitable del emprendedor— fue directo: al principio estaba más presente, con el tiempo aprendió a domesticarlo. «Ya estoy en otra etapa», dijo, sin dramatismo.
El fracaso como maestro: el calendario que no pegó
Cuando Schubert le preguntó por el fracaso que más le enseñó, Abad eligió uno concreto: un calendario que lanzó en algún momento convencido de que iba a ser un boom. No funcionó. Al principio la frustración fue real. Pero la lectura posterior fue la que importa: cada fracaso que se capitaliza en aprendizaje vale. «El tema es si no aprendés nada. Si no capitalizás nada, bueno», dijo, con la sabiduría de quien acumuló suficientes cicatrices como para no necesitar romantizarlas.
El Congreso Nómade: San Nicolás, capital latinoamericana de la fotografía
El tramo más sorprendente de la entrevista fue la descripción del Congreso Nómade de Fotografía, organizado por el nicoleño Maximiliano Viedo. Lo que empezó siendo nómade —viajando de ciudad en ciudad— terminó echando raíces en San Nicolás, donde ya se realizaron seis ediciones. El evento convoca a expositores y asistentes de toda Latinoamérica y España, dura cuatro días en el Teatro Municipal y tiene una dimensión solidaria que va más allá de la formación profesional. En la última edición participaron 480 personas.
Para Abad —que además de asistente es docente del evento— el valor mayor del congreso no está solo en las conferencias sino en lo que ocurre en los pasillos, el bar y los espacios informales. «A mis alumnos les digo: no se vayan cuando termina la exposición. Quédense en el café, tomense el cafecito. Eso es una inversión. Si hay un colega que te gustó, andá y tocale el hombro», aconsejó, describiendo la lógica del networking como un arte que no se aprende en el aula sino en la práctica.

El consejo para quien quiere emprender pero no se anima
Al cierre, Abad condensó su visión emprendedora en pocas palabras: animarse, preguntar, encarar y rodearse de buena gente. No quedarse con las dudas ni esperar el momento perfecto. Y agregó una distinción etaria que resultó simpática y precisa: «Si tiene menos de 40, encará directamente. Si tiene más de 40, analizalo bien. Más de 60, pensálo 10 veces», dijo, reconociendo que el riesgo tiene distintas dimensiones según la etapa de la vida. Para él, que cumple el año que viene sus 27 años en la fotografía, la respuesta fue siempre la misma: moverse, curiosear, aprender y no parar.


