El analista político repasó en San Nicolás Debate el caso Adorni y sus consecuencias para el gobierno de Milei, el estado del peronismo nicoleño, la gestión municipal de los Passaglia y el agujero negro que representa la provincia de Buenos Aires. Con su habitual franqueza, no dejó tema sin tocar ni conclusión a medias.
En una nueva entrega de la temporada 32 de San Nicolás Debate, producido por la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás y conducido por Baltasar Schubert, el licenciado Sebastián Arias —analista político con décadas de presencia en el programa— ofreció uno de sus análisis más abarcadores y filosos de los últimos tiempos. Desde el caso Adorni hasta el futuro del peronismo nicoleño, pasando por la gestión municipal, la desregulación económica y el estado de la provincia de Buenos Aires, Arias desplegó una mirada que combina rigor conceptual, conocimiento del off the record político y una honestidad que, según él mismo admite, lo caracteriza.
El caso Adorni: la vara alta de quien hizo de la moral una bandera
El punto de partida fue inevitable: el caso del jefe de gabinete Manuel Adorni y el crecimiento patrimonial que lo tiene en el centro de la escena política desde hace meses. Arias encuadró el análisis desde una premisa republicana básica: los funcionarios públicos tienen la obligación de dar explicaciones a la sociedad cuando su situación patrimonial genera dudas razonables. «Todos los funcionarios públicos, desde el menor hasta el mayor, deben dar explicaciones cuando la ciudadanía así lo requiere. Nunca está mal preguntar», afirmó.
Pero el caso Adorni tiene una dimensión adicional que lo hace especialmente sensible para el gobierno: el propio oficialismo convirtió la transparencia y la moral en banderas de campaña y de gestión. «Se pusieron a sí mismos una vara muy alta. Por lo tanto, les reclamo como ciudadano que se allanen a dar las explicaciones que la sociedad necesita, no las que crean convenientes», planteó Arias con precisión quirúrgica.
Y fue más lejos al señalar la contradicción que implica que el funcionario que ocupa el segundo lugar en importancia administrativa del país —la Constitución le asigna al jefe de gabinete la administración general de la Nación— se dirija a periodistas diciéndoles que son «apenas periodistas». «No está a la altura del propio Adorni de otras épocas. El poder lo malignó de alguna forma», sentenció. Y reconoció que la situación generó fracturas visibles dentro del gobierno, con posicionamientos tan distintos como el de Patricia Bullrich, que reclamó explicaciones urgentes, frente a la postura del presidente Milei de sostenerlo a ultranza.
Para Arias, en política la opinión pública pesa más que cualquier resolución judicial. «Todos sabemos la importancia de la opinión pública. Es una especie de jurado. Y cuando uno entra en la política, importa más que lo que puede resolver entre gallos y medianoche un juzgado de primera instancia», señaló, cerrando con un aforismo que resume la lógica del poder: «No basta con serlo. Hay que parecerlo», como decía Maquiavelo.
San Nicolás y la herida de los salarios metalúrgicos
Cuando Schubert planteó la situación económica cotidiana, Arias introdujo una mirada que incomodó pero que respaldó con datos. Afirmó que San Nicolás, ciudad que durante décadas se benefició del modelo proteccionista e industrialista, hoy está siendo golpeada por el cambio de matriz productiva. Los salarios metalúrgicos —tanto de la principal acería del país como de las empresas vinculadas al convenio de la UOM— no se recompusieron desde la pandemia y vienen perdiendo poder adquisitivo de manera sostenida. Los empleados públicos, que son miles en los tres niveles del Estado, perdieron en promedio un 25% de su poder de compra desde 2020.
Y luego vino la observación más dura, dicha sin eufemismos: «No me voy a sorprender y sería hipócrita hacerlo. ¿Quién no sabe en San Nicolás que la coquería de la principal metalúrgica del país tiene 60 años? ¿Quién no sabe que el alto horno, con algún maquillaje, tiene 60 años? Lo saben los sindicalistas, lo saben los trabajadores, lo sabemos quienes estamos vinculados al ambiente intelectual y de la prensa.» Su conclusión fue que, así como otros sectores crecen con la desregulación, San Nicolás tendrá que pensar cómo se adapta a este cambio de modelo. Como disparador intelectual para quienes quieran entender el proceso histórico de fondo, recomendó el libro «El orden conservador», del historiador Natalio Botana, que analiza la Argentina entre 1880 y 1930. «Es un libro de vigencia total», subrayó.
La gestión local: política y gestión son cosas distintas
Sobre la conducción municipal de los Passaglia, Arias hizo una distinción conceptual que resultó central para su análisis: la diferencia entre gobierno, administración y gestión. «Los Passaglia han hecho del término gestión, es decir, de la obtención de resultados a través de las acciones de gobierno, su bandera. Y lo han logrado. San Nicolás es modelo para la región y para el país en muchas áreas», afirmó.
Recurrió a una referencia inesperada pero certera: el concepto de «vivir con lo nuestro» del economista Aldo Ferrer. San Nicolás, explicó, hoy vive con sus propias tasas, gracias a un profundo ordenamiento de las cuentas públicas que arrancó con Ismael Passaglia y que permitió construir el modelo de gestión que hoy proyecta la ciudad. Aunque hizo una observación que no pasó inadvertida: «Política hacen ellos tres —Ismael, Manuel y Santiago Passaglia— y todo aquel que quiera hacer política fuera de ellos, dentro de su espacio, le cortan la cabeza. Todos los demás son gerentes.» Una descripción que, aclaró, no es necesariamente una crítica sino la descripción de un modelo de conducción deliberadamente elegido.
El peronismo nicoleño: sin conductor y con lista envejecida
El análisis del peronismo local fue uno de los momentos más incisivos de la noche. Sobre Cecilia Comerio —quien acaba de perder la interna— Arias fue respetuoso en lo personal pero concluyente en lo político: «El peronismo de San Nicolás nunca la aceptó como conductora. Nunca se encolumnó detrás de ella. Y gran parte del kirchnerismo nicoleño está esperando hacer leña del árbol caído.» Atribuyó ese fracaso a un modelo de conducción centralista, alineado casi irreflexivamente con La Cámpora, que chocó con la cultura del peronismo local, acostumbrado a grandes caudillismos como los de Díaz Bancalari o Di Rocco.
Sobre la alternativa que emerge con Vignoles, Arias no ahorró acidez. Mencionó que una persona de su entorno tomó el trabajo de calcular el promedio de edad de la lista: rondaba entre los 60 y 65 años. «La edad es una contingencia y espero que las ideas no vayan de acuerdo a ella, pero el dato está en la formación de la lista», dijo con ironía medida.
La provincia de Buenos Aires: el gran agujero negro
El cierre de la entrevista estuvo reservado para la provincia de Buenos Aires, a la que Arias definió sin rodeos como «el agujero negro» y «la madre de todas las batallas». Su crítica principal apuntó a la ausencia total de autocrítica en la gestión de Axel Kicillof: ningún reconocimiento de gastos superfluos, ninguna priorización, ninguna señal de ajuste. «El gran mito kirchnerista fue convencernos durante una década y media que la mera enunciación de un derecho implicaba su efectivización. Los dirigentes se quedaban conformes enunciando derechos que nunca llegaban a quienes se los declamaban», sentenció.
Pero terminó con optimismo. Citando a Tolkien y su convicción de que no hay batallas imperdibles antes de darlas, afirmó creer que en algún momento los bonaerenses entenderán que no está bien gastar más de lo que ingresa y que quien gestiona lo público tiene la enorme responsabilidad de establecer prioridades con el dinero que extrae de manera compulsiva a los ciudadanos. «Soy una persona profundamente optimista», cerró Arias, con una sonrisa que el programa no necesitó ver para imaginar.


